40 años, deuda vigente

El debate: jerarquías del dolor y omisiones

La evocación anual del Palacio de Justicia vuelve a dividir miradas. Mientras algunos reivindican la retoma, otros subrayan sus excesos; entre ambos polos, las víctimas reclaman un lugar sin jerarquías.

La Corte IDH acreditó 11 desapariciones forzadas y fijó medidas de verdad y reparación. Esa base jurídica convive con omisiones que, según nuevas voces, dejan por fuera a personas nunca reconocidas formalmente.

Ampliar la memoria exige fortalecer la búsqueda y las identificaciones; cada entrega digna recuerda que, más allá de debates, hay familias que esperan certezas desde hace décadas.

Los informes de memoria y las coberturas periodísticas han documentado rutas de encubrimiento y archivos sensibles. Abrirlos y contrastarlos es condición para una verdad robusta.

La conmemoración también interpela a instituciones y escuelas: cómo enseñar este episodio incluyendo a todos, sin borrados ni simplificaciones.

De cara a los 40 años, los colectivos proponen actos de reconocimiento extensivos, señalización de sitios de detención y preservación de archivos para garantías de no repetición.

La memoria democrática se mide por su capacidad de nombrar a cada víctima. En el Palacio, quedan nombres por reconocer. Una memoria sin exclusiones repara y educa. Reconocer a todas las víctimas del Palacio de Justicia es un compromiso de Estado y sociedad para que nunca más se repita.

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