El rebranding de sustancias psicoactivas no es nuevo: cambia el nombre, se mantiene la lógica. “Coco Chanel” es el último ejemplo: una marca que promete exclusividad para vender una mezcla opaca de estimulantes y adulterantes. Sin receta, sin control y con un relato aspiracional.
¿Por qué preocupa? Porque la combinación exacta varía lote a lote. Para autoridades y toxicólogos, eso convierte cada ingesta en una ruleta: el cuerpo no sabe qué recibe, y el sistema de salud no sabe qué antídoto usar a tiempo. El resultado: picos de intoxicación y urgencias saturadas.
El caso B-King expone la colisión entre mercado nocturno y crimen organizado. En Ciudad de México, estructuras con poder territorial vieron en “Coco Chanel” un producto premium para eventos de alto gasto. El efecto novedad justifica precios superiores y fideliza a públicos que no perciben el riesgo real.
La disputa por la distribución —quién vende, dónde, con qué protección— suele escalar en violencia. De ahí que investigadores asocien el doble homicidio a conflictos por control de plaza, no necesariamente a la conducta de las víctimas.
En Medellín, colectivos de reducción de daño llevan meses alertando sobre ventas engañosas y mezclas con cafeína, anestésicos locales u otras NPS. La lección: el rótulo importa menos que el contenido; y ese contenido rara vez coincide con lo prometido.
La opinión pública tiende a fijarse en el nombre llamativo. Sin embargo, la política efectiva pasa por tres ejes: 1) inteligencia contra redes y proveedores; 2) vigilancia toxicológica y alertas tempranas; 3) pedagogía clara en ambientes de ocio (testeo, signos de alarma, reacción).
¿Se puede frenar? No hay bala de plata, pero sí reducción de daños basada en evidencia: puntos de información en festivales, entrenar a staff y pares, protocolos de emergencia y campañas que desmantelen el marketing de “lujo” asociado a una mezcla barata de producir.
En lo judicial, el caso B-King dejó huellas: detenciones, alias y un mapa de relaciones entre promotores, seguridad privada y brokers de sustancias. La clave será pasar de capturas a condenas con prueba sólida.
La prensa juega un rol delicado: informar sin romantizar, explicar sin detallar recetas y enfocar en impacto sanitario y criminal. La narrativa responsable puede salvar vidas.
Reacciones y consecuencias
Salud pública y secretarías locales anunciaron refuerzos a toxicovigilancia y laboratorios. Colectivos piden kits de respuesta en eventos y canales de alerta en tiempo real cuando se detecten lotes peligrosos.
A nivel regional, el caso acelera cooperación Colombia–México en tráfico de NPS: intercambio de perfiles químicos, rutas y patrones de blanqueo de ganancias.
Cierre
“Coco Chanel” no es moda: es riesgo. Si algo enseña el caso B-King, es que el glamour del nombre se deshace ante la evidencia toxicológica y la violencia del negocio.

