La actualización de noviembre trae una señal clara: el costo del dinero en consumo vuelve a subir. Al certificar un IBC de 16,66 %, la Superfinanciera fijó la usura en 24,99 %, tope legal que determina el máximo que pueden cobrar bancos y emisores por crédito de consumo y ordinario. El movimiento corta la caída de octubre (24,36 %) y se alinea con un mercado que no ha visto alivios significativos en la tasa de referencia del Emisor.
La transmisión de la política monetaria a las tasas finales no es instantánea. Aunque el Banco de la República mantiene su tasa en 9,25 %, los costos al usuario dependen de fondeo, riesgo, competencia y regulación. En consumo, la usura opera como válvula de seguridad para el cliente, pero también como límite de precios para entidades que atienden perfiles de mayor riesgo.
El tablero de noviembre incluye otros topes: 27,39 % (productivo rural) y 58,17 % (productivo urbano); para crédito popular productivo los límites son 73,56 % (rural) y 88,77 % (urbano). En términos de política pública, estos techos reflejan el objetivo de proteger al microempresario sin cerrar del todo la llave del financiamiento, algo clave para el empleo y el tejido empresarial.
Históricamente, la usura en Colombia se mueve con rezago respecto a la tasa del banco central y con la dinámica del IBC. En 2025 se ha ubicado entre 24 % y 26 %, con oscilaciones mensuales que responden a variaciones del costo de fondeo y de la demanda de crédito, especialmente en tarjetas y libre inversión. En ese contexto, la subida de noviembre encarece cuotas y puede frenar consumo en los márgenes.
Para el usuario, tres decisiones marcan la diferencia: (1) concentrar compras en una sola cuota para evitar intereses; (2) comparar tasas efectivas anuales y comisiones; (3) evaluar traslado o consolidación de deudas si el costo sube. En hogares altamente endeudados, un repunte de décimas puede presionar la morosidad.
Para el sistema, la discusión de fondo persiste: ¿la usura protege al consumidor o limita la inclusión financiera? La banca y varias fintech piden revisar o eliminar el techo, alegando exclusión de perfiles riesgosos; los defensores del tope señalan que evita prácticas abusivas. Una reforma debería balancear protección, competencia y acceso.
Comparado internacionalmente, Colombia es de los pocos con tope explícito mensual a partir del IBC. Otros esquemas usan referencias como la tasa interbancaria o límites múltiples por segmento. El modelo colombiano ofrece previsibilidad pero puede endurecer la oferta cuando el techo queda por debajo del riesgo percibido.
En términos macro, con inflación todavía por encima de la meta, el BanRep prefiere la prudencia. Si los precios ceden y las expectativas anclan, podría venir un ciclo de alivio en 2026; mientras tanto, los hogares deben ajustar presupuestos y priorizar deudas caras. El País
La foto de noviembre, en suma, es de tasa tope más alta y presión sobre el costo de financiar el consumo. Planeación, comparación y disciplina de pago serán claves en los próximos meses.

