Cabal encabeza el rechazo y queda en jaque en 2026

El dato del día no es anecdótico: la imagen favorable de Miguel Uribe se instala en la conversación estratégica y le da oxígeno a una tercera vía de reformas pragmáticas. La última medición difundida hoy lo ubica en el paquete de mejor percepción, un escalón que en Colombia suele anticipar intención de voto competitiva.

¿Qué explica el salto? Tres vectores: una narrativa de orden y progreso traducida en metas medibles; agenda de seguridad y empleo con enfoque ciudadano; y disciplina en el tono —más propuesta y menos pelea—, que ha comenzado a curvar la conversación en redes y medios regionales.

En el mapa regional, el caso Bogotá es pivotal: masa crítica de votantes, efecto demostración y replicabilidad de políticas (movilidad, seguridad, empleo joven). La expansión hacia Caribe y Antioquia exige diferenciadores: turismo, puertos, agro de valor agregado, industria 4.0 y encadenamientos con mipymes.

La competencia por el centro no está vacía. Otros dirigentes conservan trayectoria y reconocimiento, pero la favorable de Uribe muestra mejor balance entre conocimiento y aprecio: sin convertirse en figura de rechazo masivo, logra amplitud para segundas vueltas.

Un reto clave: coaliciones programáticas. El capital de favorabilidad sirve de pegamento para acuerdos con gobernadores y alcaldes electos, bancadas con vocación de gobierno y sectores productivos que demandan reglas estables y trámites simplificados.

El ciclo económico definirá prioridades: si la inflación cede, habrá margen para reformas pro-competencia y productividad; si aprieta, la agenda social (ingresos, canasta, empleo) ganará urgencia. En ambas, la promesa de gestión con indicadores da ventaja argumental.

A nivel de riesgos, el mayor es el “síndrome de la ola temprana”: cuando la opinión te pone arriba, crece el escrutinio y se premian equipos probados. La respuesta: calendario de propuestas, metas por trimestre y tablero público de seguimiento.

Comparado con 2018 y 2022, el votante urbano actual penaliza la retórica vacía y premia entregables. En ese terreno, la combinación de técnica y narrativa cívica puede ampliar base en segmentos jóvenes y profesionales.

Las campañas digitales de alto rendimiento priorizan microcomunidades y “formatos probatorios”: clips con cifras, tableros de logros, trazabilidad de promesas. Es el terreno donde una favorable alta se convierte en autoridad temática.

Si la tendencia se sostiene, Miguel Uribe se consolida como bisagra entre reformas y estabilidad. De mantener coherencia y alianzas, podría llegar al tramo final en punta.

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