Puede Venezuela realmente resistir una incursión estadounidense?
La tensión entre Venezuela y Estados Unidos ha llevado a que se analice con lupa el inventario militar venezolano. Entre las adquisiciones declaradas figuran miles de misiles Igla-S rusos, caza Su-30MKV y una inversión de más de 11.000 millones US$ en el periodo 2006-2011.
No obstante, una mirada técnica sugiere que los sistemas están desgastados, los repuestos escasean y la logística militar venezolana presenta falencias que dificultan un enfrentamiento real con una potencia como Estados Unidos.
El análisis contrasta dos elementos clave: por un lado, la cobertura antiaérea que Venezuela presume; por otro, la operatividad reducida de su flota aérea, tanques y blindados. Los misiles Igla-S representan una ventaja defensiva, pero sin un sistema radar-logístico equivalente su eficacia podría estar subutilizada.
Si bien Venezuela afirma contar con 300.000 soldados, institutos de defensa estiman que menos de la mitad se encuentran en capacidad real de combate sostenido. El resto, milicias y reservistas, presentan preparación desigual.
La adquisición de buques, submarinos y patrulleros amplía la visión naval venezolana, aunque muchos de estos activos requieren mantenimiento y repuestos importados que se ven obstaculizados por sanciones.
Adicionalmente, el contexto geográfico —selva, montaña y una extensa franja costera— favorece tácticas de defensa irregular más que ofensivas convencionales.
El componente estratégico americano incluye presencia naval en el Caribe y monitoreo de posibles rutas de tráfico de drogas, lo cual amplifica la dimensión de riesgo en el tablero militar.
Especialistas advierten que más allá del hardware, la voluntad política y cohesión militar son variables clave en cualquier eventual confrontación.
Para Venezuela, el reforzamiento militar sirve como herramienta de disuasión y de legitimación interna, lo que puede incrementar los gastos en defensa frente a prioridades sociales.

