Celac, telón de fondo

La frase de Petro —“hermano, vamos a la JEP ambos”— se difundió rápidamente por redes y chats. Para algunos, sonó a reconciliación; para otros, a una maniobra más. En Santa Marta, el anuncio resonó como un intento de acercamiento entre polos que han dividido a Colombia durante décadas. En medio de todo, miles de ciudadanos y víctimas piden lo mismo: verdad completa.
Quienes celebran el gesto consideran que podría reducir la polarización y poner a las víctimas en el centro del debate. Los escépticos cuestionan su viabilidad y temen que todo quede en retórica. Organizaciones y analistas han reclamado fortalecer la pedagogía sobre la JEP: qué puede y qué no puede hacer. La figura de Uribe divide percepciones, más aún después de fallos recientes que relanzaron su presencia en la esfera pública.
En Santa Marta, el mensaje también se interpretó como un llamado a “cuidar” —palabra usada por Petro—: “a él, a su familia y a sus bienes”. En todo el país, la idea de “ir juntos” a una jurisdicción de verdad despierta recuerdos, dolores y esperanzas. El desenlace, si lo hay, dependerá de la voluntad política y de las reglas judiciales.
Más que un titular, el “vamos a la JEP” abrió conversaciones familiares sobre paz y justicia. Si el gesto logrará sanar o reabrir heridas, lo dirá el tiempo y la institucionalidad.
