Trabajadores esperan ajuste salarial ante alza de precios
Cada mañana, millones de colombianos enfrentan la misma realidad: sus ingresos compran menos que hace unos meses. El dato oficial del Dane confirma lo que las familias ya sabían en sus mercados, facturas y cuentas del día a día: la inflación de octubre alcanzó 5,51%, el nivel más alto del año, haciendo que el sueño de llegar a fin de mes se vuelva cada vez más complejo.
María Fernández, madre de dos hijos en Bogotá, resume la situación con claridad: “El arriendo subió, el almuerzo en el trabajo está más caro, y el mercado ya no alcanza como antes. El salario sigue igual, pero todo lo demás no para de subir”. Su testimonio refleja el impacto concreto de los números que reportan las estadísticas oficiales sobre millones de hogares colombianos.
Esta escalada, que comenzó en junio con 4,82% y ha crecido mes tras mes hasta alcanzar el 5,51% actual, no es solo un dato económico abstracto. Representa decisiones difíciles en cada hogar: renunciar a la salida del domingo, comprar marcas más económicas, posponer la visita al médico o reducir las porciones en la mesa familiar.
Los expertos explican que el problema tiene nombre técnico: indexación inflacionaria. Pero para las familias, esto significa algo mucho más simple y doloroso. Cuando el arrendador ajusta el canon del apartamento basándose en la inflación del año anterior, cuando el restaurante del almuerzo ejecutivo sube sus precios cada mes, cuando el colegio de los niños incrementa las pensiones, el efecto es inmediato en el presupuesto familiar.
Juan Carlos Ramírez, comerciante en Medellín, enfrenta el dilema desde otro ángulo. “Mis proveedores me suben los precios constantemente, pero si yo subo mucho mis productos, pierdo clientes. La gente no tiene más plata, entonces compran menos o buscan alternativas más baratas. Al final, todos perdemos”. Su relato ilustra cómo la inflación no solo afecta a consumidores sino a toda la cadena productiva.
La discusión sobre el salario mínimo para 2025 adquiere rostro humano cuando pensamos en los 12 millones de colombianos que lo reciben. La propuesta del gobierno de incrementarlo un 11% genera esperanzas, pero también preocupaciones. Carmen Suárez, trabajadora de servicios generales en Cali, expresa su inquietud: “Necesitamos que suban el salario porque no alcanza para nada, pero también tengo miedo de que con eso suban más los precios o que las empresas despidan gente”.
Esta preocupación no es infundada. Luis Alberto Villamarín, analista internacional, advierte que incrementos salariales muy por encima de la inflación sin mejorar la productividad pueden llevar a despidos. Para quien pierde su empleo, no importa cuánto haya subido el salario mínimo; su ingreso se reduce a cero. El equilibrio entre proteger el poder adquisitivo y mantener el empleo se vuelve una cuerda floja que afecta el destino de millones de familias.
La comparación con otros países de la región ofrece perspectivas reveladoras. Mientras Colombia lucha con su 5,51%, los venezolanos enfrentan una hiperinflación del 172% que ha destruido ahorros, pensiones y proyectos de vida de generaciones enteras. Familias enteras han tenido que emigrar porque sus salarios, incluso ajustados constantemente, no alcanzan para cubrir necesidades básicas.
En Argentina, con 31,8% de inflación, los ciudadanos han desarrollado estrategias de supervivencia: comprar bienes durables apenas reciben el sueldo, calcular precios por hora en vez de por mes, tener múltiples empleos. Bolivia, con 22,2%, enfrenta situaciones similares donde las familias deben reinventarse constantemente para mantener su nivel de vida.
Por el contrario, países como Perú (1,4%) o Ecuador (1,24%) muestran que es posible vivir con estabilidad de precios. Allí, las familias pueden planificar su futuro con mayor certeza, saber que sus ahorros mantendrán su valor, y que el presupuesto mensual no requerirá ajustes dramáticos cada mes. Esta estabilidad, que parece simple, representa tranquilidad y posibilidad de progreso para millones de personas.
Detrás de cada punto porcentual de inflación hay historias reales: la madre que debe explicar a sus hijos por qué no pueden salir a comer pizza este mes, el pensionado que ve cómo su jubilación pierde valor mes tras mes, el joven profesional que posterga indefinidamente su independencia porque los arriendos están inalcanzables, el pequeño empresario que debe elegir entre subir precios o reducir su margen de ganancia.
Las decisiones que tomen el gobierno, el Banco de la República y los actores económicos en las próximas semanas no son solo asuntos técnicos de política monetaria o negociaciones salariales. Son decisiones que impactarán directamente la capacidad de millones de colombianos para alimentar a sus familias, pagar sus viviendas, educar a sus hijos y construir un futuro con dignidad. La inflación tiene cifras, pero sobre todo, tiene rostros.

