Víctima comparte advertencia para otros viajeros
Cameron Golinsky llegó a Río de Janeiro en febrero de 2025 con un sueño: aprender portugués, crear contenido sobre Brasil y sumergirse en la cultura carioca. A sus 35 años, el influencer canadiense veía en Ipanema el escenario perfecto para su proyecto personal. Frecuentaba los bares del barrio, conocía a los locales y se sentía parte de la comunidad. Nunca imaginó que una noche ordinaria se convertiría en la experiencia más traumática de su vida.
El 26 de octubre, Cameron disfrutaba de una cerveza en un bar al aire libre, uno de esos lugares donde se había sentido cómodo durante meses. Dos hombres se le acercaron de manera amigable. Conversaron. Le ofrecieron una bebida. Él aceptó, sin sospechar nada. Lo que siguió fue un vacío de casi 48 horas que cambiaría su vida para siempre.
“Recuerdo sentirme un poco confundido y luego ver que todo se volvía negro. No piensas en nada, no sueñas con nada. Simplemente te desmayas”, relató Cameron en un video compartido en sus redes sociales, con la voz aún quebrada por la emoción y los ojos mostrando el peso del trauma vivido.
Cuando Cameron finalmente recuperó la conciencia, se encontró en su apartamento sin comprender qué había sucedido. La desorientación fue total. No recordaba cómo había llegado allí ni qué había ocurrido durante esas 48 horas perdidas. Poco a poco, la realidad comenzó a revelarse: su teléfono había desaparecido, su dinero no estaba, y algo dentro de él le decía que había sufrido algo más grave de lo que podía procesar en ese momento.
“Fue una experiencia extremadamente traumática. Desperté dos días después sin entender nada”, contó Cameron, quien aún lucha por encontrar las palabras adecuadas para describir lo vivido. La pérdida material fue significativa: 3.000 dólares que representaban sus ahorros para continuar su aventura brasileña. Pero el golpe emocional fue devastador.
Las horas siguientes fueron un torbellino de emociones y procedimientos. Cameron tuvo que reunir fuerzas para buscar ayuda en el Consulado de Canadá, donde recibió medicación preventiva ante la posibilidad de haber sido víctima de agresión sexual. “Las pruebas indican que fui víctima de agresión sexual”, confesó en sus redes, rompiendo el silencio que muchas víctimas masculinas mantienen por vergüenza o estigma social.
La visita a la comisaría fue otro momento difícil. El examen de cuerpo de delito, las preguntas, revivir mentalmente fragmentos de una noche que su cerebro había borrado por autoprotección. Cameron compartió en Instagram una frase que resume su angustia financiera tras el ataque: “Recé a Dios para que, cuando pudiera revisar, quedara algo en mis cuentas”. La desesperación de no saber si los delincuentes habían vaciado completamente sus ahorros mientras él permanecía inconsciente.
El apoyo de sus seguidores llegó rápidamente, pero también los mensajes de otras víctimas que habían vivido experiencias similares. Cameron descubrió que no estaba solo, que su historia se repetía con frecuencia alarmante en las calles de Río. Algunos le escribieron desde hospitales, otros desde sus países de origen, todos compartiendo el mismo sentimiento de vulnerabilidad y traición.
La decisión de regresar a Canadá no fue fácil. Cameron había invertido tiempo, dinero y emociones en su proyecto brasileño. Había aprendido portugués, había hecho amigos, había compartido con sus miles de seguidores las bellezas de Brasil. Pero el trauma superó todo. “Necesito apoyo profesional”, reconoció con valentía, priorizando su salud mental sobre su proyecto de vida.
Antes de partir, Cameron tomó una decisión importante: usar su plataforma para advertir a otros viajeros. No quería que su silencio permitiera que más personas sufrieran lo mismo. Sus videos desde el aeropuerto, con maletas preparadas y lágrimas contenidas, se volvieron virales. “Si mi historia puede salvar a una sola persona, valdrá la pena compartirla”, expresó en su último post desde suelo brasileño.
Hoy, Cameron Golinsky recibe terapia en Canadá mientras intenta reconstruir su vida y procesar el trauma vivido. Su historia resuena con miles de turistas que han experimentado situaciones similares pero que, por miedo o vergüenza, nunca las denunciaron. Su valentía al hablar abiertamente, especialmente sobre la posible agresión sexual, ha abierto conversaciones importantes sobre la vulnerabilidad de los viajeros masculinos.
Para Cameron, Brasil pasó de ser un país de sueños a escenario de pesadillas. Pero en medio del dolor, encontró un propósito: convertir su experiencia traumática en una advertencia que pueda proteger a otros. Su mensaje es claro: la seguridad debe ser siempre la prioridad, sin importar cuán acogedor parezca el entorno.

