Historia de perseverancia brilla en Tailandia hoy
Cuando Vanessa Pulgarín caminó por la pasarela del Columbia Pictures Aquaverse en Pattaya, cada paso llevaba consigo ocho años de preparación, sacrificios y un sueño que nunca abandonó. La antioqueña de 34 años no solo desfiló en traje de baño: materializó la promesa que se hizo a sí misma en 2017, cuando quedó a un paso de la corona nacional.
Su presentación en el desfile de Miss Universe 2025 representa mucho más que un momento de glamour internacional. Es la culminación de una jornada personal que la llevó desde Medellín hasta Tokio, luego a Sídney, y finalmente a Tailandia, construyendo en cada destino una versión más fuerte de sí misma.
Las lágrimas que no mostró en pasarela, las guardó para después. Su publicación en redes sociales tras el desfile reveló la emoción genuina de quien sabe que está viviendo un momento histórico personal: “Hoy todo lo que he trabajado se reflejó ahí. Sentí una energía increíble”.
La historia de Vanessa no comenzó con aplausos sino con una decepción que muchos habrían considerado final. En 2017, cuando quedó como virreina en el Concurso Nacional de Belleza, pudo haber cerrado ese capítulo y seguir adelante. En cambio, tomó esa experiencia como punto de partida. Representar a Colombia en Miss International en Tokio no fue un premio de consolación para ella, fue una oportunidad de aprender, crecer y prepararse para algo más grande.
La decisión de mudarse a Sídney, Australia, fue tan valiente como poco convencional. Lejos de los circuitos tradicionales de los reinados, Vanessa construyó una vida centrada en sus valores: el deporte, la salud y el bienestar. Mientras otras candidatas permanecían en el radar mediático colombiano, ella elegía una preparación silenciosa pero profunda. Cada sesión de entrenamiento, cada colaboración con marcas deportivas, cada publicación promoviendo vida saludable, era un ladrillo más en la construcción de su regreso.
Durante esos años, muchos probablemente le dijeron que era tarde, que había perdido su momento. La industria de los reinados puede ser implacable con el tiempo. Pero Vanessa entendió algo fundamental: su momento no había pasado, simplemente no había llegado. Y cuando Miss Universe eliminó los límites de edad, el universo le respondió que había estado en lo correcto al seguir preparándose.
Su regreso triunfal a los escenarios nacionales en 2025 no fue casualidad. Las 28 candidatas de Miss Universe Colombia The Reality la enfrentaron no solo a una competidora con experiencia, sino a una mujer que sabía exactamente quién era y qué representaba. Su respuesta sobre mujeres influyentes versus mujeres virales no fue ensayada: salió del corazón de alguien que había dedicado años a construir una influencia genuina basada en valores, no en algoritmos.
El momento en que le colocaron la corona de Miss Universe Colombia fue la redención de aquella virreina de 2017. Era la misma Vanessa, pero transformada por años de crecimiento, madurez y trabajo constante. Ya no perseguía un sueño: lo estaba construyendo con sus propias manos.
Ahora, en Tailandia, cada sonrisa suya en pasarela lleva la sabiduría de quien conoce el valor del fracaso y la perseverancia. Cuando Miss Ecuador la llamó “una reinota” y destacó no solo su pasarela sino su corazón de oro, estaba reconociendo algo que va más allá de la belleza: la autenticidad de una mujer que ha recorrido un camino largo y se ha mantenido fiel a sí misma.
Los comentarios en redes sociales de exreinas como Laura Barjum resonaron profundo: “Lo estás haciendo increíble, estamos orgullosos”. No son solo palabras de apoyo, son el reconocimiento de una comunidad que sabe que Vanessa representa algo más grande que una corona: representa la posibilidad de que los sueños postergados no son sueños cancelados.
Cuando Vanessa Pulgarín suba al escenario del Impact Arena el 21 de noviembre, sin importar el resultado, ya habrá ganado algo invaluable. Ha demostrado que a los 34 años no es tarde para perseguir sueños, que los desvíos en el camino a veces son necesarios para llegar más fuerte, y que la constancia supera al talento cuando el talento no trabaja.
Su historia le habla directamente a cada persona que alguna vez sintió que su momento había pasado, que era demasiado tarde para intentarlo de nuevo, que el fracaso era definitivo. Vanessa Pulgarín es la prueba viviente de que el único fracaso real es dejar de intentarlo. Y esa lección, independientemente de coronas y títulos, ya la ha convertido en ganadora.

