Jefe de cartera insiste en legalidad del proceso
Para el general retirado que lidera la cartera de defensa desde hace pocos meses, este representa el primer gran desafío público de su gestión. El militar que ganó reconocimiento nacional por liderar el rescate de menores en la selva ahora debe defender una decisión tomada bajo su responsabilidad ante escrutinio institucional y mediático.
La salida del Congreso no fue fácil. Los periodistas rodearon al funcionario buscando explicaciones sobre el requerimiento del órgano fiscalizador. Con la tranquilidad característica de quien ha enfrentado situaciones de alta presión durante décadas de servicio militar, el ministro dedicó varios minutos a explicar punto por punto el proceso de adquisición.
Sus palabras buscaban transmitir seguridad sobre la transparencia del proceso. Mencionó la participación de más de cien profesionales militares y civiles, la intervención de asesores especializados y la supervisión de múltiples comités. Para alguien cuya carrera se construyó sobre valores de disciplina y cumplimiento de protocolos, los cuestionamientos representan un golpe a su credibilidad personal y profesional.
El general retirado llegó a su cargo en circunstancias inusuales, siendo el primer militar en décadas en ocupar esta posición. Su nombramiento generó expectativas y también reservas entre diferentes sectores. Algunos vieron en él la oportunidad de tener liderazgo con conocimiento directo de las necesidades operativas de las fuerzas armadas. Otros temieron que representara militarización de funciones tradicionalmente civiles.
Los primeros meses en el cargo transcurrieron relativamente tranquilos mientras el funcionario se adaptaba a dinámicas políticas muy diferentes a la vida castrense. Ahora, apenas nueve meses después de asumir, enfrenta el tipo de controversia que puede definir o destruir carreras políticas. La forma en que maneje esta crisis será recordada más que cualquier discurso o ceremonia protocolar.
En sus declaraciones, el ministro enfatizó repetidamente la palabra transparencia, consciente de que la opinión pública es particularmente sensible a cualquier percepción de ocultamiento en el manejo de recursos públicos. Al mismo tiempo, tuvo que explicar por qué ciertos aspectos del contrato permanecen reservados, una contradicción aparente que requirió cuidadoso equilibrio retórico.
La mención de su disposición a facilitar acceso a la información a los órganos de control refleja el aprendizaje acelerado del lenguaje político. Un militar acostumbrado a cadenas de mando claras ahora debe navegar las complejidades de la rendición de cuentas democrática, donde múltiples actores tienen legitimidad para cuestionar y supervisar decisiones.
Detrás del funcionario público hay una persona que dedicó más de treinta años de su vida al servicio militar. Alcanzó el grado de mayor general, acumuló miles de horas de vuelo y participó en operaciones que probaron su liderazgo bajo presión extrema. Esa experiencia le da confianza para enfrentar cuestionamientos, pero también lo hace consciente de lo mucho que está en juego.
La presión personal se ve amplificada por conocer que cientos de militares y civiles participaron en el proceso bajo su supervisión. Cualquier hallazgo negativo de las autoridades fiscales no solo afectaría su reputación sino la de todos quienes confiaron en su liderazgo. Esta dimensión humana del asunto trasciende lo técnico o jurídico, involucrando principios de lealtad y responsabilidad hacia colaboradores.
Sus declaraciones también revelaron frustración subyacente con la politización de decisiones técnicas. La referencia a invitar legisladores a conocer detalles del proceso, respetando protocolos de confidencialidad, constituye un llamado a que los cuestionamientos se basen en información objetiva y no en especulaciones o agendas políticas ajenas al mérito del asunto.
El ministro cerrará esta noche con el conocimiento de haber dado su primera gran batalla en el terreno político, muy diferente a aquellos donde forjó su carrera. La incertidumbre sobre cómo reaccionará el órgano fiscalizador después de revisar la documentación seguramente le quitará el sueño, aunque su entrenamiento militar le ha enseñado a mantener compostura bajo presión.
Para quienes lo conocen, este episodio pondrá a prueba no solo su capacidad técnica sino su templanza emocional. Un general acostumbrado a misiones donde el éxito o fracaso se mide en términos absolutos ahora debe aprender que en política las victorias son ambiguas y los cuestionamientos nunca terminan completamente. Su respuesta a esta crisis definirá el resto de su gestión y posiblemente su legado.

