Testigos narran momentos de terror en Belém
El mediodía tranquilo en la COP30 se transformó en escena de pánico cuando columnas de humo negro comenzaron a elevarse desde el pabellón central. Miles de personas que participaban en la conferencia climática más importante del mundo se vieron obligadas a abandonar precipitadamente las instalaciones, cargando documentos, computadoras y pertenencias personales mientras las alarmas resonaban.
Gabi Andrade, voluntaria local de Belém, vivió su tarde libre de manera inesperada. Después de tres semanas trabajando en el área de acreditaciones, exploraba el pabellón de Singapur cuando vio el humo negro. “Un guardia de seguridad me tomó de la mano y me mostró la salida mientras lloraba y gritaba ‘fuego'”, relató con voz entrecortada.
Los periodistas internacionales que cubrían el evento pasaron de reportar negociaciones climáticas a documentar su propia evacuación. Justin Rowlatt, editor climático de la BBC, describió presenciar “enormes columnas de humo elevándose a través del agujero quemado en la parte superior del centro de convenciones”. Su testimonio refleja la magnitud del susto vivido por miles.
Dentro del recinto, delegados de 193 países trabajaban en reuniones cuando las alarmas comenzaron a sonar. La mayoría reaccionó con rapidez, tomando laptops y documentos confidenciales antes de dirigirse a las salidas. La urgencia era palpable: nadie sabía qué tan rápido se extendería el fuego por las estructuras de lona.
Los pasillos se llenaron de personas moviéndose en distintas direcciones. El protocolo de evacuación se activó, pero la confusión inicial fue inevitable. Algunos delegados intentaban comunicarse por teléfono con sus embajadas mientras caminaban hacia las salidas. Otros ayudaban a colegas con movilidad reducida a desplazarse más rápido.
Afuera, el calor húmedo de Belém contrastaba con la tensión del momento. Grupos de delegados se agrupaban bajo el sol, observando incrédulos cómo bomberos luchaban contra las llamas. Muchos expresaban preocupación no solo por su seguridad, sino por el destino de las negociaciones que llevaban días construyendo.
Para Gabi, la voluntaria brasileña, el incidente representaba más que un susto personal. “Es tan triste para nosotros”, compartió mientras lágrimas rodaban por su rostro. “Todos trabajamos tan duro”. Su sentimiento era compartido por cientos de trabajadores locales que durante meses prepararon la ciudad para este momento histórico.
Samuel Rubin, responsable de un pabellón de entretenimiento y cultura, observaba impotente cómo el fuego consumía el trabajo de semanas. Los pabellones africanos vecinos y el espacio dedicado a la juventud también fueron alcanzados por las llamas. Cada estructura representaba esfuerzo colectivo, ahora reducido a cenizas y metal retorcido.
Los delegados indígenas y representantes de comunidades ribeirinhas, cuyas voces finalmente ganaban espacio en estas conversaciones globales, enfrentaban la frustración adicional de ver interrumpido su momento. Para muchos, llegar a Belém había significado viajes largos y complejos desde territorios remotos. El incendio añadía obstáculo inesperado a su participación.
Entre el grupo evacuado había científicos climáticos que llevaban décadas advirtiendo sobre emergencias ambientales. La ironía no pasaba inadvertida: la conferencia diseñada para prevenir catástrofes climáticas era interrumpida por una emergencia de fuego. Varios expresaban que el incidente funcionaba como metáfora involuntaria de la urgencia que intentaban comunicar.
Horas después, cuando el humo comenzaba a disiparse, pequeños grupos permanecían fuera del recinto. Algunos coordinaban por teléfono, otros simplemente procesaban lo vivido. El consenso general era gratitud: pudo haber sido mucho peor. La ausencia de heridos se atribuía tanto al protocolo de seguridad como a la suerte.
Para muchos participantes, especialmente los brasileños, el incidente dejaba sabor agridulce. El orgullo de albergar la COP30 en la Amazonía se mezclaba con la decepción del incidente. Gabi resumía el sentimiento colectivo: trabajaron incansablemente para este momento, y aunque el fuego causó daños, la determinación por concluir exitosamente la conferencia permanecía intacta.

