Negociaciones transforman dinámicas familiares y sociales
Para María González, mesera de un restaurante en Bogotá, los domingos siempre fueron días de sacrificio. Mientras su familia almorzaba junta, ella servía mesas en el horario de mayor demanda. La Reforma Laboral 2025 le ofreció algo que nunca imaginó posible: acordar con su empleador descansar los lunes.
“Ahora puedo llevar a mis hijos al médico sin pedir permisos, hacer mercado tranquila y hasta asistir a las reuniones del colegio”, cuenta María con emoción. Su historia refleja la de miles de trabajadores colombianos que operan en sectores donde el fin de semana es precisamente cuando más se necesita personal.
El cambio permite que empleadores y trabajadores acuerden libremente, por escrito, cuál será el día de descanso semanal, rompiendo con más de medio siglo de tradición donde el domingo era obligatorio. Pero esta flexibilidad también genera dilemas personales y familiares complejos.
Carlos Mendoza, gerente de una cadena hotelera, observa el cambio desde otra perspectiva. “Durante años tuvimos que pagar recargos altísimos los fines de semana cuando nuestra ocupación es máxima. Ahora podemos organizar turnos más equilibrados, pero entiendo que para algunos empleados descansar domingo es importante por temas familiares y religiosos”.
Rodrigo Niebles señala que el domingo como día de descanso en Colombia está cargado de tradición religiosa, familiar y social. Para muchos colombianos, el domingo no es simplemente un día libre, sino el momento semanal de encuentro familiar, de asistencia a servicios religiosos, de compartir comidas tradicionales.
Diana Rojas, madre soltera que trabaja en logística, experimentó el dilema directamente. “Mi empleador me propuso descansar los miércoles. Al principio me gustó la idea de evitar filas en bancos y trámites, pero luego me di cuenta de que mis hijos tienen partidos de fútbol los domingos y yo quiero estar presente”.
La negociación con su supervisor fue tensa pero productiva. Finalmente acordaron que Diana descansaría el primer y tercer domingo de cada mes, trabajando los otros domingos con el recargo correspondiente. “No es perfecto, pero es mejor que antes cuando nunca podía ir”, comenta.
El trabajador que labora un domingo o un festivo recibe un recargo que en 2025 es del 80% sobre el valor de la hora ordinaria, lo que eleva significativamente el ingreso. Para familias con presupuestos ajustados, este recargo representa la diferencia entre cubrir gastos básicos o no.
Javier Parra, trabajador de una funeraria, siempre trabajó domingos y festivos por la naturaleza de su labor. “La gente no deja de morirse en fin de semana”, bromea. Para él, la reforma no cambió mucho su realidad diaria, pero sí mejoró su remuneración. “El aumento gradual del recargo hasta el 100% reconoce que sacrificamos tiempo familiar”.
El experto destaca que el verdadero reto es lograr acuerdos individuales con quienes llevan años descansando domingo y no quieren cambiarlo. Esta observación captura la esencia humana del cambio: no se trata solo de leyes y porcentajes, sino de rutinas familiares, tradiciones personales y equilibrios de vida construidos durante años.
Las historias de María, Carlos, Diana y Javier ilustran que la reforma laboral no es un texto abstracto, sino una realidad que afecta vidas concretas. Cada familia, cada trabajador, cada empresa enfrentará el cambio desde sus circunstancias particulares, negociando entre necesidades económicas y deseos personales.
El éxito de la reforma se medirá finalmente no en cifras macroeconómicas sino en hogares colombianos, donde padres y madres decidirán si la flexibilidad legal se traduce en mejor calidad de vida o en nuevas presiones. La ley ofrece posibilidades; las personas determinarán qué hacer con ellas.

