El aguacero transformó la avenida Boyacá en un corredor de agua; algunos vehículos lograron avanzar, otros quedaron detenidos en medio de la corriente
La lluvia comenzó como muchos otros aguaceros de Bogotá: gotas gruesas golpeando el panorámico, luces difusas y el sonido intermitente de las sirenas a lo lejos. Minutos después, para quienes circulaban por la avenida Boyacá, frente al botadero Doña Juana, el paisaje cambió por completo. La vía desapareció bajo una lámina de agua que se extendía de lado a lado, y lo que hasta hacía poco era un corredor vehicular se transformó en un río improvisado donde taxis, carros y camiones intentaban abrirse paso.
En un video difundido por la Secretaría de Movilidad se ve a un taxi amarillo detenerse por un instante, como dudando del siguiente movimiento, mientras la corriente golpea la parte trasera del vehículo. A su alrededor, otros conductores encienden las luces estacionarias y avanzan lentamente, cuidando no acercarse demasiado a los carros que van adelante. “Pensé que el motor se iba a apagar y que el agua iba a entrar al carro”, relata uno de los ciudadanos que quedó atrapado en el sector, recordando el momento de mayor tensión.
La escena se repitió para muchas personas que, al final de la jornada, solo querían regresar a casa. Entre la lluvia, varios conductores trataron de tranquilizar a sus acompañantes, mientras escuchaban en la radio y en los grupos de mensajería que otras vías de la ciudad también estaban inundadas. La sensación de no saber cuánto tardaría en bajar el nivel del agua o si sería necesario abandonar el vehículo se mezcló con la preocupación por llegar a tiempo con sus familias.
En otros puntos de Bogotá, habitantes de barrios como Barrios Unidos y Chapinero observaron cómo el agua se acumulaba en esquinas y andenes. Algunos vecinos salieron con escobas y palas a destapar sumideros, intentando que el agua encontrara por dónde irse, mientras otros grababan videos para avisar a amigos y familiares qué rutas evitar. Las redes sociales se llenaron de mensajes que alternaban la sorpresa, la frustración y el llamado a la precaución.
Mientras tanto, los equipos de Bomberos e Idiger se desplazaban de un punto a otro respondiendo a las llamadas de emergencia. Para quienes se encontraban en la vía inundada del sur, ver llegar a los uniformados supuso un alivio. Algunos conductores recibieron indicaciones sobre cómo maniobrar para salir del agua, mientras otros simplemente esperaron a que las máquinas trabajaran en la evacuación del líquido y el tráfico comenzara a moverse de nuevo. Entre la incertidumbre, la presencia de los equipos de socorro aportó un margen de tranquilidad.
Aunque el balance inicial no reportó víctimas fatales, sí dejó historias de miedo y nerviosismo. Padres que llamaban a casa para avisar que llegarían tarde, pasajeros de transporte público que debieron cambiar de ruta o caminar más de lo previsto, comerciantes que vieron cómo el agua se acercaba a las entradas de sus locales. Para muchos, el aguacero fue un recordatorio de lo frágil que puede resultar la rutina diaria cuando la ciudad se enfrenta a eventos climáticos extremos.
Al final de la noche, cuando el nivel del agua empezó a descender y las vías se fueron despejando, quedó en los ciudadanos la sensación de que episodios como este podrían repetirse. La experiencia de haber quedado atrapados en una vía inundada dejó una mezcla de gratitud por haber salido ilesos y de inquietud por lo que pueda ocurrir en la próxima temporada de lluvias. En las calles de Bogotá, la conversación giró en torno a la necesidad de estar mejor preparados y de contar con infraestructuras que soporten este tipo de aguaceros.
Las historias de conductores atrapados en una vía inundada en el sur de Bogotá, en medio de un fuerte aguacero, ponen rostro humano a las cifras de inundaciones y emergencias climáticas. Este episodio recuerda la importancia de reforzar la prevención, mejorar el drenaje y fortalecer los planes de respuesta para que los bogotanos no vuelvan a vivir momentos de angustia cada vez que las lluvias transforman las vías de la ciudad en ríos improvisados.

