Autoridades locales y departamentales acompañan a la familia de la víctima mientras avanza el proceso
Chiscas, un municipio de paisajes andinos y tradición campesina en el extremo norte de Boyacá, amaneció sumido en el dolor tras conocerse la muerte de Liliana Cruz, una joven trabajadora social que se había radicado allí junto a su esposo, el subteniente Haminton Ruiz. La noticia corrió rápido por las calles del casco urbano y las veredas cercanas: un disparo de fusil dentro de la vivienda de la pareja había sido fatal, y ahora el comandante de la Estación de Policía enfrenta una investigación penal.
Para las familias chiscaneñas, acostumbradas a conocerse entre sí y a vivir de cerca cada nuevo hecho que ocurre en el municipio, la tragedia tuvo un impacto inmediato. Vecinos relatan que la noche del 19 de noviembre se escucharon movimientos de patrullas y sirenas rumbo al hospital local, sin imaginar que se trataba de una emergencia que involucraba al propio comandante de Policía y a su esposa. Con el amanecer llegaron los primeros detalles: el disparo habría sido accidental, producto de una mala manipulación del arma de dotación.
El caso ha sido seguido de cerca por autoridades departamentales y municipales de Boyacá. La Alcaldía de Ramiriquí, de donde también se tienen registros de la labor de Liliana como trabajadora social, emitió un mensaje público de condolencias y destacó su compromiso con la comunidad. En Chiscas, entre tanto, se han realizado actos de solidaridad hacia la familia, tanto en el templo parroquial como en espacios comunitarios, donde se pide acompañamiento psicológico y jurídico para los allegados de la víctima.
La Fiscalía asumió la investigación y mantiene bajo su custodia al subteniente Ruiz mientras se practican pruebas balísticas, entrevistas y análisis de la escena. Una de las principales dudas por aclarar tiene que ver con el lugar exacto del disparo, pues inicialmente se habló de un restaurante de comidas rápidas, versión que fue desmentida luego por el abogado del oficial, quien aseguró que los hechos ocurrieron en la casa de la pareja. La claridad sobre este punto es clave para reconstruir la línea de tiempo y evaluar posibles responsabilidades.
Habitantes del municipio recuerdan que en la zona hay presencia de unidades militares, como el Batallón de Alta Montaña Nº 2, y que en días recientes se habría registrado un supuesto hostigamiento contra esa unidad, lo que elevó el nivel de alerta. En poblaciones como Chiscas, donde la Fuerza Pública juega un papel central para la seguridad y la movilidad, los episodios de tensión suelen sentirse con fuerza, pero rara vez terminan en hechos tan dramáticos dentro de un hogar. Esa combinación de factores locales es hoy parte del expediente que analizan los investigadores.
Más allá de las circunstancias específicas, la tragedia ha encendido las alarmas sobre la necesidad de reforzar la capacitación y el control del porte de armas entre los uniformados que viven con sus familias en pueblos apartados de Boyacá. Líderes comunitarios señalan que, si bien valoran la presencia policial y militar en la región, también esperan que se fortalezcan las medidas de seguridad para que la convivencia entre instituciones y ciudadanía no implique riesgos adicionales dentro de las viviendas y espacios cotidianos.
En este escenario, el nombre de Liliana Cruz ya hace parte de la memoria colectiva de Chiscas. Para muchos, su muerte representa una herida abierta que debe traducirse en cambios concretos: desde mejoras en los protocolos institucionales hasta campañas de prevención de violencias contra las mujeres en todo el departamento. El llamado desde este pequeño municipio boyacense es claro: que la justicia esclarezca lo ocurrido y que el caso sirva para proteger la vida de quienes, como Liliana, llegaron a estas montañas buscando construir un futuro en paz.
El caso de Liliana Cruz en Chiscas se ha convertido en un tema central para Boyacá, al cruzar dolor, seguridad y confianza ciudadana. Mientras la Fiscalía avanza en la investigación contra el subteniente de Policía, los municipios del norte del departamento piden que se revisen los protocolos de manejo de armas y se fortalezca la prevención de violencias de género. Chiscas, conocido por sus paisajes y tranquilidad, hoy busca respuestas para transformar esta tragedia en un compromiso real con la protección de las mujeres y la seguridad local.

