Maduro baila “No a la guerra, sí a la paz” en Miraflores en plena tensión con EE. UU

El video del acto en Miraflores recorrió redes y medios internacionales

Nicolás Maduro bailó al ritmo de un remix con su eslogan “Paz sí, guerra no” durante un acto por el Día del Estudiante celebrado en el palacio de Miraflores, en Caracas. El momento, captado en video, fue difundido por medios y plataformas sociales, donde se viralizó y generó múltiples reacciones por la coyuntura política y de seguridad en la región. La escena ocurre mientras escalan las tensiones entre Venezuela y Estados Unidos, en un contexto marcado por operaciones militares estadounidenses contra embarcaciones presuntamente ligadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico y por anuncios recientes de Washington sobre la designación del llamado “Cartel de los Soles” como organización terrorista. Caracas ha rechazado esos señalamientos.

El baile, que forma parte de una puesta en escena con consignas de “no a la guerra”, se dio ante militantes y estudiantes, y fue interpretado por el oficialismo como un mensaje de calma y resistencia. El clip lo muestra marcando pasos y señalando al público mientras suena una pista electrónica con fragmentos de sus discursos. El acto se enmarca en la conmemoración del Día del Estudiante, efeméride que cada año reúne a jóvenes y autoridades en Caracas. En esta edición, el foco estuvo en las palabras de Maduro, quien insistió en un llamado a la paz y al diálogo, en contraste con el endurecimiento del discurso bilateral.  En paralelo, Estados Unidos ha intensificado una campaña contra embarcaciones que considera parte de redes de narcotráfico, con múltiples ataques letales en aguas del Caribe y el Pacífico reportados en las últimas semanas por el Pentágono y agencias federales. Estas acciones han elevado el tono del pulso regional. Además, Washington anunció la designación del “Cartel de los Soles” como organización terrorista extranjera, una medida que acarrea nuevas herramientas de persecución penal y financiera. Caracas respondió que se trata de acusaciones infundadas. Analistas señalan que el gobierno venezolano busca capitalizar actos multitudinarios para proyectar fortaleza política interna en momentos de presión internacional. Para la oposición, la escena es un gesto de propaganda que no atiende la crisis económica y social. Las redes reprodujeron ambas lecturas, amplificando el debate.

El video del baile recorrió informativos y portales de distintos países. Algunos lo leyeron como una provocación; otros, como un intento de rebajar tensiones mediante símbolos culturales y llamados a la paz. En todo caso, el fragmento se instaló en la conversación pública. La relación bilateral acumula años de desencuentros, sanciones y señalamientos. En 2025, el endurecimiento de operativos marítimos y los anuncios de seguridad han añadido nuevas capas al desacuerdo. Caracas denuncia que se busca justificar un mayor cerco político y económico. Especialistas en comunicación política coinciden en que, en contextos de confrontación, los gestos simbólicos —canciones, bailes, consignas— operan como mensajes de cohesión para las bases. Sin embargo, su eficacia es variable y puede polarizar aún más la discusión pública. Comparado con otros episodios regionales, los mensajes performativos han sido usados por líderes de distinto signo para fijar relato: desde coreografías en campañas hasta cantos en actos partidarios. En el caso venezolano, la crisis prolongada potencia la repercusión de cualquier gesto.

Por ahora, no hay señales de desescalada inmediata. Las agendas de seguridad, narcotráfico y sanciones seguirán marcando la relación, mientras el oficialismo insiste en su narrativa de “paz” frente a “amenazas externas”. El oficialismo celebró la viralización del video como una victoria cultural, asegurando que el mensaje llegó a audiencias fuera de Venezuela. Voces cercanas a Miraflores dijeron que el país no cederá a “provocaciones” y mantendrá su llamado a la paz. Desde ámbitos críticos, organizaciones y dirigentes de oposición calificaron el baile de “ajeno” a las urgencias sociales, exigiendo respuestas concretas sobre economía, seguridad y migración. En redes, las etiquetas se convirtieron en campo de batalla discursivo.

El baile de Maduro condensó la tensión de un momento político: gestualidad performativa interna frente a un tablero externo cada vez más áspero. Las próximas semanas serán clave para observar si el pulso escala o si se abren canales de diálogo

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