El Ministerio de Educación hace un llamado urgente a la movilización y protección docente
La madrugada del 25 de noviembre entró en la historia de Uribia (La Guajira) con un estremecedor hecho. Cuando apenas empezaba el día, unos hombres armados irrumpieron en el hogar de la profesora Janeth Rocío Osorio, alterando para siempre aquello que era cotidiano.
En medio del silencio de la zona rural, los captores obligaron a la docente a subir a su propio vehículo. El coche, utilizado hasta entonces para llevarla a sus responsabilidades educativas, se convirtió ahora en medio de una huida incierta.
La casa quedó vacía, la escuela sin su tutora, la comunidad consternada. La Institución Etnoeducativa Integral Rural Isidro Ibarra Fernández perdió en un instante a una guía clave en su día a día docente, generando una ruptura que va más allá del aula.
Mientras tanto, en el Ministerio de Educación Nacional, los comunicados se suceden. La emoción se mezcla con la formalidad del lenguaje institucional: “grave vulneración a los derechos fundamentales”, “crimen de lesa humanidad”, entre otros términos.
El relato no termina en la desaparición. El territorio de La Guajira contrasta a diario entre su riqueza cultural, su geografía severa y los desafíos de seguridad. En ese escenario, quienes enseñan enfrentan una doble tarea: educar y protegerse.
Familiares, colegas y estudiantes aguardan noticias. Uribia observa, La Guajira se estremece, y el país pone la mirada en una educadora que dejó su casa para dedicarse a la enseñanza y hoy depende de que su vida sea restituida.
La enseñanza, el desarrollo, la tranquilidad de una región: todo depende de que la maestra vuelva. Y de que los mecanismos de protección garanticen que este tipo de hechos no se conviertan en rutina.
El secuestro de la profesora Janeth Osorio en Uribia (La Guajira) deja más que una denuncia; abre una narrativa sobre la vulnerabilidad de la educación en zonas dispersas y la urgencia de fortalecer la seguridad del sistema. Cada día sin su retorno es un día en que la enseñanza se entiende como riesgo. Es imperativo actuar para que este relato tenga un final de liberación y esperanza.

