Aire más limpio beneficia salud de ocho millones
Para millones de bogotanos que utilizan el transporte público a diario, los buses eléctricos representan mucho más que una estadística ambiental. Significan viajes más silenciosos, vehículos más limpios y aire que se respira con menos dificultad en las paradas y estaciones.
María González, residente de Kennedy, recuerda cómo los buses viejos dejaban una estela de humo negro que impregnaba la ropa y dificultaba la respiración. Ahora toma un bus eléctrico para llegar a su trabajo en el centro, y nota la diferencia desde que sube. El silencio que antes no existía en las calles se siente especialmente en las primeras horas de la mañana.
La transformación no ocurrió por casualidad. Detrás de cada bus eléctrico que circula hay decisiones políticas, inversiones y un cambio en la manera de pensar el transporte público. Pero para quienes viven la ciudad desde el suelo, lo que importa son los resultados que experimentan cada día.
Los conductores de buses eléctricos también perciben el cambio. Andrés Parra lleva doce años manejando buses de TransMilenio y hace dos comenzó a operar vehículos eléctricos. Comenta que la ausencia de vibraciones del motor diésel reduce el cansancio físico al final de la jornada. También destaca que el sistema de frenos regenerativos hace la conducción más suave y predecible.
Para los habitantes de zonas cercanas a las principales vías de transporte, la diferencia se percibe incluso sin usar el servicio. Teresa Rodríguez vive en un apartamento sobre la Avenida Caracas y recuerda cómo antes era imposible mantener las ventanas abiertas por el ruido y la contaminación. Desde que comenzaron a circular más buses eléctricos, el ambiente ha mejorado notablemente.
Los beneficios para la salud pública no son inmediatos ni espectaculares, pero sí acumulativos. Los neumólogos de hospitales bogotanos reportan que la disminución en las concentraciones de material particulado contribuye a reducir complicaciones respiratorias, especialmente en niños y adultos mayores. Cada punto porcentual de mejora en la calidad del aire representa menos emergencias y hospitalizaciones.
La implementación de buses eléctricos también ha generado empleos. Los patios de carga requieren técnicos especializados en sistemas eléctricos, las empresas operadoras capacitan continuamente a sus conductores, y surgen pequeñas empresas de mantenimiento especializado. La transición tecnológica no solo limpia el aire, también transforma el mercado laboral asociado al transporte.
Las zonas periféricas, históricamente desatendidas por el sistema de transporte, experimentan cambios significativos con la llegada de La Rolita. En barrios como Bosa y Ciudad Bolívar, donde antes solo llegaban buses viejos y desarticulados, ahora circulan vehículos nuevos y silenciosos que mejoran la conectividad con el resto de la ciudad.
Sin embargo, persisten desafíos. El sistema aún no cubre todas las rutas necesarias, los tiempos de espera continúan siendo largos en horas pico, y muchas zonas siguen dependiendo de transporte informal. Los buses eléctricos mejoran la experiencia, pero no resuelven por sí solos los problemas estructurales de movilidad de una ciudad de ocho millones de habitantes.
El contraste con el metro genera sentimientos encontrados. Muchos ciudadanos celebran la llegada de los buses eléctricos pero cuestionan por qué una ciudad como Bogotá tardó tanto en tener un sistema de transporte masivo subterráneo o elevado. La frustración se mezcla con esperanza: los buses funcionan ahora, el metro llegará eventualmente.
En las calles de Bogotá se percibe que algo cambió. El aire se respira con menos dificultad, el ruido de los motores diésel disminuyó y los viajes en transporte público resultan menos agotadores. Estos cambios, aunque graduales, impactan la vida cotidiana de millones de personas.
Mientras la ciudad espera la llegada del metro, los buses eléctricos demuestran que las mejoras no siempre requieren esperar décadas. A veces, las soluciones más efectivas son aquellas que se implementan con decisión y que empiezan a transformar vidas desde el primer día de operación.

