El bolso rojo que contó Bogotá a Dua Lipa

Entre luces de restaurante y faroles de barrio

Primero aparece el equipo de seguridad, discreto, tanteando el terreno. Luego, la puerta se abre y la figura de Dua Lipa se recorta entre las luces cálidas del local y los reflejos de los carros que pasan. Lleva un vestido rojo y un bolso del mismo color. La siguen Callum, algunos familiares y los trabajadores del restaurante que se asoman, entre emocionados y discretos. La calle, que hasta hace unos minutos era solo un tramo más de Chapinero Alto, se convierte en pasarela improvisada.

Un pequeño grupo de fans, que lleva rato esperando, reacciona casi al unísono: celulares en alto, pasos cortos para acercarse, voces que se cruzan entre el español acelerado y el inglés aprendido a punta de canciones. Algunos consiguen una selfie borrosa; otros, apenas el recuerdo de haber caminado unos metros a su lado. Ella saluda, sonríe, sigue andando. Todo ocurre en segundos, pero los segundos en la era digital son suficientes para que alguien dispare el obturador justo en el momento preciso.

En la foto, Dua Lipa aparece avanzando por la calle, rodeada por sus seguidores y con el bolso rojo apretado contra el cuerpo, cruzado al frente como escudo. El gesto es tan familiar para los bogotanos que no necesita explicación. Horas después, la cuenta @memeotanto la compartirá con un texto breve: “Por la forma en que aprieta su bolso podemos decir que oficialmente es rola”. El resto lo harán los comentarios: chistes sobre el “cosquilleo”, advertencias disfrazadas de risa, guiños cómplices a la experiencia de caminar por la ciudad.

Mientras ese meme comienza su recorrido, en el restaurante aún se comenta otro momento: la foto de la artista posando con los meseros y cocineros. Más de 16 personas se agrupan a su alrededor, algunos con delantal, otros con bandejas todavía en la mano. La imagen, que también circulará en redes, dejará frases como “qué suerte estar en ese turno” o “la amo, es tan humana”. Dua Lipa sonríe en el centro de la escena, ajena quizá al hecho de que esas fotos formarán parte de la memoria bogotana de su gira.

Al día siguiente, la ciudad amanecerá con otra energía. En los alrededores de El Campín se verán camisetas, carteles y filas que se alargan desde temprano. En redes, la conversación ya no será solo sobre el bolso: también se hablará del repertorio que traerá el Radical Optimism Tour, de la posibilidad de escuchar en vivo “Don’t Start Now”, “Levitating” y los nuevos temas del álbum, y de la canción colombiana que podría sorprender al público cuando la artista, como ha hecho en otros países, rinda tributo a la música local.

Las apuestas se multiplican: ¿será un clásico de Shakira como “Antología” o “Whenever, Wherever”? ¿Elegirá “Si antes te hubiera conocido”, el hit reciente de Karol G, o preferirá el toque rockero de “La camisa negra”? ¿Habrá espacio para “Hawái” de Maluma o para su propia colaboración con J Balvin en “One Day”? Esa mezcla de especulación musical y orgullo local va de la mano con las bromas sobre la forma “correcta” de cargar el bolso en la capital.

Cuando finalmente se enciendan las luces del estadio y el público escuche los primeros acordes, la imagen de Dua Lipa caminando por Chapinero seguirá flotando como un segundo relato de su visita. En la memoria de la ciudad quedarán, a la vez, el espectáculo pirotécnico de El Campín y la escena íntima de un bolso rojo apretado contra el pecho, recordatorio de que la vida de las estrellas también se escribe en las esquinas anónimas donde los fans esperan con el celular lista

Crónica mediante, Bogotá suma un capítulo más a la larga lista de artistas que han convertido sus calles en escenario inesperado. Dua Lipa llegó para cantar ante miles, pero antes protagonizó una pequeña historia rola, hecha de calles empinadas, restaurantes llenos y bolsos aferrados con cuidado.

En una ciudad que combina grandes conciertos con rutinas atravesadas por la inseguridad, la anécdota del bolso se queda como símbolo de este encuentro: una estrella global adaptándose a los códigos de una capital que, entre humor y realidad, la recibe como si hubiera vivido aquí toda la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *