Candidatos a contralor esperan mientras políticos faltan
María, madre de dos hijos y líder comunitaria del oriente de Cali, expresó en redes sociales lo que muchos caleños sintieron el jueves: “Nos quedamos sin voz otra vez”. La frustración ciudadana tiene nombre y apellido: quince concejales que decidieron no aparecer cuando más se les necesitaba.
Tres personas prepararon durante semanas sus propuestas para dirigir la Contraloría Distrital. Estudiaron, estructuraron planes, consultaron con expertos. El jueves llegaron al Concejo con la expectativa de presentar sus ideas. Se encontraron con un recinto prácticamente vacío y una oportunidad negada.
Los seis concejales que sí cumplieron expresaron vergüenza ajena. Roberto Ortiz habló con voz entrecortada al pedir disculpas, consciente de que su presencia no bastaba para compensar el abandono de sus colegas. Era un hombre intentando salvar la dignidad de una institución herida.
Edison Lucumí, presidente del Concejo, había trabajado durante días para coordinar esta sesión. Las llamadas telefónicas, los mensajes, las confirmaciones que recibió quedaron en evidencia como promesas rotas cuando verificó las curules vacías.
Los ternados a contralor habían dedicado tiempo valioso a prepararse. Uno de ellos comentó extraoficialmente su desconcierto: “Uno se prepara para servir a la ciudad y ni siquiera le dan la oportunidad de exponer sus ideas”. La decepción era palpable.
En las calles de Cali, la noticia se regó rápidamente. Doña Carmen, vendedora del centro, comentaba con sus clientes: “Y después nos piden que confiemos en ellos. ¿Cómo vamos a confiar si ni a trabajar van?”. Su indignación reflejaba el sentir de miles.
Rodrigo Salazar, uno de los concejales presentes, no ocultó su molestia. Sus palabras sonaron a reclamo entre colegas pero también a desahogo personal de quien cumple y ve cómo otros no lo hacen. “Este es el espacio para presentar dudas, no para brillar por su ausencia”, dijo mirando las sillas vacías.
Las redes sociales se llenaron de fotografías. Carlos Pinilla caminando tranquilamente por un centro comercial. Alexandra Hernández conversando en un evento social. Imágenes que contrastaban dolorosamente con sus puestos vacíos en el Concejo. Los caleños se preguntaban: ¿acaso sus compromisos personales valen más que sus deberes públicos?
Angello Vásquez, veedor ciudadano, habló no solo como activista sino como caleño indignado. “No es solo una falta administrativa, es una traición a la confianza que la gente depositó en ellos cuando los eligió”. Su voz temblaba entre la rabia contenida y la determinación de actuar.
Para los seis concejales que asistieron, la jornada fue especialmente amarga. Cumplieron con su deber solo para descubrir que eso no bastaba. Flower Rojas salió del recinto visiblemente afectada, consciente de que los ciudadanos no distinguen entre quienes cumplen y quienes fallan.
El viernes llegará con una nueva oportunidad, pero el daño está hecho. La confianza de los caleños en sus representantes ha recibido otro golpe, sumándose a una larga lista de decepciones. Los ternados esperan, la Contraloría sigue en interinidad, la ciudad sigue en suspenso.
Mientras tanto, en los barrios de Cali se escucha una pregunta recurrente: ¿cuándo dejarán de fallarnos? Es una pregunta que merece respuesta urgente, no en palabras sino en hechos concretos de quienes juraron servir al pueblo que los eligió.

