El viaje que dejó a Petro sin cita en Pekín

Empresarios miran con preocupación el enfriamiento con Pekín

Detrás de los comunicados oficiales y los titulares sobre la cancelación del viaje de Gustavo Petro a China hay historias de personas que viven la diplomacia en primera línea. De un lado, los congresistas que viajaron a Taiwán y que vieron en esa invitación una oportunidad para mostrar gestión y abrir puertas comerciales. Del otro, funcionarios de la Cancillería que, mientras seguían preparando la agenda del presidente en Pekín, comenzaron a recibir reportes de una foto incómoda: la de legisladores colombianos estrechando manos con altos funcionarios taiwaneses.

En el centro de la polémica se ubican los presidentes de las comisiones segundas de Senado y Cámara, Mauricio Giraldo y Mauricio Londoño, quienes han defendido su decisión de viajar a Taipei. En comunicados y declaraciones, han insistido en que su propósito fue hablar de agricultura, tecnología, educación y comercio, y que la referencia a una antigua oficina comercial buscaba rescatar una experiencia que —según ellos— dejó resultados positivos en el pasado. Para sus críticos, sin embargo, esa narrativa omitió el impacto simbólico que el viaje podía tener en la relación con Pekín.

En los pasillos de la Cancillería, el episodio se vivió como una carrera contra el reloj. A medida que las imágenes y versiones sobre el viaje a Taiwán se multiplicaban en medios y redes, diplomáticos colombianos recibían llamadas y consultas de la embajada china en Bogotá y de otras capitales interesadas en la reacción oficial. El comunicado en el que se reafirmó el principio de “una sola China” y se aclaró que solo el presidente dirige la política exterior fue el resultado de esa presión creciente.

También hubo preocupación en sectores empresariales que ven en China un socio clave para sus exportaciones de materias primas, alimentos y productos industriales. Para compañías que han invertido tiempo y recursos en abrir mercado en el gigante asiático, la noticia de la cancelación del viaje de Petro supuso una señal de alerta. Muchos de esos empresarios esperaban que la visita presidencial sirviera para despejar dudas, cerrar acuerdos de inversión y enviar un mensaje de estabilidad a sus pares chinos.

En el Congreso, la controversia abrió fisuras adicionales. Algunos legisladores consideraron que sus colegas habían sobredimensionado las expectativas del viaje a Taiwán, al hablar de restablecer relaciones o abrir oficinas sin medir el impacto diplomático. Otros cerraron filas alrededor de la idea de que el Legislativo debe tener margen para construir puentes propios en el ámbito internacional, incluso si eso implica momentos de tensión con el Ejecutivo.

En la Casa de Nariño, la decisión de cancelar o aplazar la visita a China no fue sencilla. El viaje estaba llamado a ser un nuevo hito en la relación entre Petro y Xi Jinping, y en la agenda figuraban temas que van desde infraestructura y energía hasta cooperación académica. Sin embargo, el clima que dejó el episodio de Taiwán hacía difícil sostener el mensaje de una relación sin ruidos. La opción fue esperar a que el polvo se asiente y reconstruir, paso a paso, la confianza con la contraparte china.

Para la ciudadanía, lo ocurrido se traduce en una sensación de que la política exterior, usualmente lejana, de repente toca la vida cotidiana. Muchos colombianos ven en China un destino para becas, negocios o empleo indirecto ligado a proyectos de inversión. Que un gesto político interno pueda afectar esa agenda deja la impresión de que, más allá de los nombres propios, hay decisiones que terminan impactando oportunidades concretas para el país.

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