El pulmón verde que Bogotá aprendió a cuidar

Historia de un parque que respira sin contaminar

Para María González, quien visita el parque Simón Bolívar cada domingo con sus hijos, el nuevo reconocimiento tiene un significado especial. “Ahora sé que cuando mis niños juegan aquí, estamos contribuyendo a algo más grande”, comenta mientras observa cómo sus hijos corren entre los árboles. El parque que ella conoció desde su infancia se ha transformado en el primero de América Latina en alcanzar la carbono neutralidad.

Las 4,7 millones de personas que visitaron este espacio en 2024 son testigos de una transformación silenciosa pero profunda. Cada familia que llega en bicicleta, cada visitante que usa los puntos de reciclaje correctamente y cada dueño de mascota que utiliza las estaciones de recolección de desechos participa sin saberlo en un modelo pionero de sostenibilidad urbana.

Rodrigo Manrique, subdirector técnico de Parques, observa con satisfacción el cambio cultural generado. “Lo más bonito de este proceso no son solo los números o las certificaciones. Es ver cómo la gente ha hecho suyo el compromiso ambiental del parque”, explica mientras recorre los senderos principales del lugar que administra.

Los trabajadores del parque vivieron de cerca la transformación. Juan Martínez lleva quince años como jardinero en el Simón Bolívar y recuerda cuando los residuos de poda simplemente se descartaban. “Ahora todo lo que cortamos se convierte en abono que nosotros mismos usamos para nutrir los árboles. Es como cerrar un ciclo natural”, explica con orgullo mientras señala las zonas de compostaje.

Las familias que frecuentan el parque han notado mejoras tangibles. Los puntos de reciclaje están estratégicamente ubicados y claramente señalizados. Las estaciones para recolección de heces de mascotas ya no son simples contenedores, sino parte de un sistema que transforma esos desechos en fertilizante. Esta información, compartida mediante señalización educativa, ha generado mayor conciencia entre los visitantes.

Los organizadores de eventos masivos también se sumaron al cambio. El Festival Cordillera, uno de los encuentros musicales más importantes de Colombia, ahora implementa protocolos de sostenibilidad alineados con la certificación del parque. Los asistentes encuentran puntos de reciclaje en cada esquina y se incentiva el uso de transporte público con descuentos en boletas.

Los ciclistas encontraron en el parque un aliado natural. Carlos Rodríguez, quien dirige un grupo de ciclismo urbano, celebra las nuevas facilidades. “Antes era complicado llegar en bici y encontrar dónde dejarla segura. Ahora hay cicloparqueaderos bien ubicados y el parque se convirtió en punto de encuentro para nuestras rutas sostenibles”, comenta mientras ajusta su casco.

Para los vendedores de alimentos, la transformación implicó adaptaciones. Los establecimientos de comida dentro del parque ahora separan sus residuos orgánicos, que se convierten en compost. “Al principio parecía complicado, pero con la capacitación que nos dieron y viendo los resultados, ahora es parte natural de nuestro trabajo”, cuenta Laura Pérez, dueña de una cafetería dentro del parque.

Los niños que participan en talleres ambientales organizados por el IDRD se convierten en embajadores del cambio. Pequeños grupos aprenden sobre el ciclo del carbono, la importancia de los árboles y cómo sus acciones cotidianas impactan el ambiente. Estos talleres transforman visitantes ocasionales en defensores conscientes del espacio verde.

Las historias personales se entrelazan con los datos técnicos. Cada tonelada de CO₂ reducida representa familias respirando aire más limpio. Cada árbol nutrido con abono producido localmente significa un pulmón verde más fuerte. Cada visitante que elige llegar en bicicleta o transporte público contribuye a mantener neutral la huella de carbono del lugar que disfruta.

El reconocimiento internacional ha generado orgullo colectivo. Los bogotanos ahora señalan con satisfacción que su parque es único en la región. Este sentimiento de pertenencia fortalece el compromiso ciudadano con las prácticas sostenibles implementadas.

Catalina Valencia, secretaria de Cultura, Recreación y Deporte, resume el sentir colectivo: “Este logro es de todos los bogotanos que decidieron cuidar su parque. Cada familia que visita este espacio ahora sabe que está en el primer parque carbono neutro de América Latina, y eso genera un compromiso especial con su cuidado”. Las historias individuales se suman para escribir una narrativa colectiva de transformación ambiental urbana.

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