La Panamericana vuelve a cerrarse por violencia en el Cauca
Mondomo, un corregimiento de Santander de Quilichao que muchos colombianos ubican solo como un punto de referencia en la vía Panamericana, volvió a ser noticia por razones que nadie quisiera: un ataque con explosivos contra su estación de Policía. En la madrugada de este sábado, una fuerte explosión rompió la rutina del norte del Cauca y recordó que esta región, estratégica para el país, sigue siendo escenario de una guerra que no se detiene.
Ubicado a un costado de la carretera que conecta a Cali con Popayán, Mondomo ha pasado en poco tiempo de ser un punto de parada para viajeros y transportadores a ser sinónimo de atentados y cierres de la Panamericana. Según el reporte conocido, el hostigamiento comenzó pasadas las 6:00 de la mañana, cuando explosivos y ráfagas de fusil se dirigieron contra la estación de Policía, generando pánico entre los habitantes del corregimiento y obligando al cierre total del corredor vial.
El ataque fue atribuido de manera preliminar a disidencias de las Farc que operan en el norte del Cauca, en particular estructuras asociadas al bloque de alias “Iván Mordisco”. No es la primera vez que estos grupos golpean la región: en abril de 2025, un carro bomba frente a la misma estación dejó una mujer muerta, varios heridos y casas destruidas; y en días recientes se han registrado hostigamientos en otras zonas del departamento, como Balboa y Caldono. La sensación en Santander de Quilichao es que la violencia se ha instalado en su mapa de manera permanente.
El impacto se siente más allá de los límites del corregimiento. Para el norte del Cauca, donde convergen cultivos lícitos e ilícitos, economías campesinas y corredores del narcotráfico, cada ataque implica un golpe a la confianza y a la economía local. Productores agrícolas, transportadores de carga, comerciantes y estudiantes que deben desplazarse a Cali o Popayán ven cómo sus planes se interrumpen una y otra vez por explosiones, bloqueos y operativos militares que convierten la Panamericana en un punto de riesgo.
En este contexto, Mondomo se ha transformado en una especie de termómetro de la seguridad en el Cauca. Cuando el corregimiento está en calma, se percibe cierto respiro en Santander de Quilichao; cuando es atacado, se activan las alertas en todo el norte del departamento. La estación de Policía, las casas vecinas y los comercios cercanos se han vuelto, en repetidas ocasiones, el escenario visible de una confrontación entre la fuerza pública y las disidencias armadas que buscan controlar el territorio.
Autoridades locales y departamentales coinciden en que el Cauca requiere medidas especiales. Han pedido al Gobierno nacional priorizar al departamento en la política de seguridad, aumentar el pie de fuerza, mejorar la inteligencia y acelerar inversiones sociales que den alternativas a la población joven de municipios como Santander de Quilichao. Organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos también han advertido sobre el riesgo que corren las comunidades rurales y urbanas que quedan en medio de estos ataques.
Para Mondomo y sus habitantes, el desafío es doble: reconstruir la tranquilidad cotidiana y evitar que el corregimiento quede estigmatizado como escenario permanente de violencia. Mientras se reabren los comercios, se reparan los daños y se retoma paulatinamente el tránsito por la Panamericana, la comunidad insiste en un mensaje claro: el norte del Cauca no quiere seguir apareciendo en los titulares por explosiones y muertos, sino por su potencial productivo, su riqueza cultural y la posibilidad de vivir sin miedo.
El ataque a la estación de Policía en Mondomo, corregimiento de Santander de Quilichao, vuelve a poner al norte del Cauca en el centro del debate sobre seguridad y conflicto armado en Colombia. La nueva explosión sobre la vía Panamericana confirma que esta región sigue siendo clave para las disidencias de las Farc y un desafío permanente para el Estado. Mientras avanzan las investigaciones, líderes locales y habitantes de Mondomo piden más presencia institucional, inversión social y garantías reales para que el Cauca deje de ser sinónimo de guerra y se convierta en un territorio de oportunidades y paz.

