Balística definirá origen de bala perdida en Usaquén

La vainilla hallada en la escena será clave para saber si el disparo que hirió a la joven fue de la Policía o de los delincuentes

Después de la balacera registrada el 13 de noviembre en la calle 109 con carrera 15, en el norte de Bogotá, la escena quedó marcada por dos elementos clave: la herida en el brazo de Laura Vega y la vainilla del proyectil que la alcanzó. Mientras la joven sostiene que la bala vino de un arma policial, las autoridades insisten en que aún no hay certezas sobre quién disparó. La respuesta, coinciden expertos, estará en manos de los peritos de balística y de los investigadores que hoy tienen el caso en sus manos.

De acuerdo con el relato de la propia víctima, dos uniformados que llegaron a la portería donde ella se refugió se dedicaron a buscar la vainilla en la calle. Una vez la hallaron, la recogieron como evidencia, conscientes de que cada arma de fuego deja una marca única en el proyectil al ser disparada. Esa “huella balística” funciona, en términos forenses, como una especie de huella dactilar que permite vincular un casquillo o bala con un arma específica.

En paralelo, la historia clínica elaborada en la Fundación Santa Fe registró que la joven presentaba una “herida por arma de fuego por bala perdida en región posterior del antebrazo”, con orificio de entrada y de salida, pero sin compromiso de vasos ni huesos. Ese documento médico será otro insumo fundamental para reconstruir la trayectoria del proyectil: el ángulo de entrada, la profundidad y la ubicación en el cuerpo ayudan a determinar desde qué punto y con qué dirección fue disparado.

La Policía Metropolitana de Bogotá informó que el caso está en manos de la Policía Judicial, que trabaja en la trazabilidad del hecho a través de cámaras de seguridad, testimonios y registros del operativo. Los investigadores deberán establecer la ubicación de los uniformados y de los delincuentes durante la persecución, identificar en qué momento se hicieron los disparos y determinar si hubo uno o varios tiradores. Cruce de videos, audios de la línea 123 e informes internos de la institución harán parte de ese rompecabezas.

En este tipo de indagaciones, los protocolos contemplan también la revisión de las armas asignadas a los policías que participaron en el operativo. Cada arma utilizada debe ser sometida a pruebas de disparo controlado en laboratorio para comparar las marcas que dejan en proyectiles de referencia con las de la vainilla recogida en la escena. Si el patrón coincide, se puede establecer una relación directa entre el arma y la bala que hirió a la ciudadana.

El relato de Laura Vega, quien asegura que solo vio a los policías disparando y que desde el principio les dijo que creía que la bala había salido de sus armas, será parte del expediente. Aun así, las autoridades han enfatizado que solo luego de los peritajes será posible saber con certeza si el proyectil provino del arma de un uniformado o de la de los asaltantes en moto. El resultado no solo definirá eventuales responsabilidades disciplinarias o penales, sino que también marcará el mensaje que se envía a la ciudadanía sobre la transparencia de los operativos.

Más allá de este caso puntual, organizaciones de derechos humanos han insistido en que la trazabilidad de cada bala disparada en operativos urbanos es esencial para prevenir abusos y garantizar la rendición de cuentas. En un contexto donde se registran miles de reportes por disparos en Bogotá cada año, mejorar los sistemas de registro, custodia de evidencias y tiempos de respuesta de la Fiscalía puede hacer la diferencia entre un caso esclarecido y una bala perdida que nunca llega a tener rostro ni responsable.

La investigación por la bala perdida que hirió a Laura Vega en Usaquén entra en una fase decisiva, con la vainilla del proyectil y las cámaras de seguridad como pruebas centrales. Mientras se espera el dictamen de los peritos de balística y las conclusiones de la Policía Judicial, el caso refuerza la importancia de fortalecer la trazabilidad de las armas y municiones usadas en persecuciones y operativos en Bogotá, para garantizar verdad, justicia y mayor control sobre el uso de la fuerza en las calles de la ciudad.

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