El despliegue de barcos, submarinos y marines de EE. UU. en el Caribe ya es el mayor en décadas, y cuenta con respaldos clave en América Latina
En el horizonte del Caribe, primero se distingue una línea gris sobre el azul del mar. Después, la forma se vuelve nítida: la silueta de un buque de guerra, escoltado por otras embarcaciones que cortan el agua en formación. Es la imagen que se repite en fotografías oficiales y reportes de prensa sobre el despliegue militar con el que Estados Unidos busca asestar un golpe al narcotráfico y al llamado ‘Cartel de los Soles’, operación que, poco a poco, ha ido sumando aliados en América Latina.
La lista de respaldos no es menor. Trinidad y Tobago, a escasos kilómetros de la costa venezolana, pasó de la cautela a un abierto apoyo a la estrategia de Washington.
Guyana, marcada por la disputa del Esequibo, ve en la presencia estadounidense una red de seguridad adicional. Panamá aloja ejercicios en sus bases, mientras República Dominicana refuerza la coordinación con la DEA. En El Salvador, una base aérea se convierte en punto de entrada y salida de aeronaves de vigilancia y ataque.
En los despachos oficiales, el argumento se repite: se trata de una operación contra las redes del narcotráfico que utilizan el Caribe como corredor hacia Estados Unidos y Europa.
Washington sostiene que el ‘Cartel de los Soles’, al que vincula con altos cargos venezolanos, es uno de los blancos principales. En ese frente, Argentina, Ecuador y Paraguay dieron un respaldo simbólico pero potente al declararlo organización terrorista, alineándose con la narrativa de la Casa Blanca.
Mientras tanto, en los puertos, la escena se observa desde otra perspectiva. En Trinidad, pescadores y estibadores levantan la vista hacia los barcos que se recortan en el horizonte. En Panamá, el cruce de buques de carga y naves militares recuerda que el Canal sigue siendo pieza clave en el tablero global. En República Dominicana, capitanes de pequeñas embarcaciones ajustan sus rutas para evitar áreas de maniobras y nuevos controles.
Del otro lado, el gobierno de Nicolás Maduro denuncia el despliegue como una “agresión imperialista” y ha respondido con anuncios de defensa con “armamento pesado y misiles” entre Caracas y La Guaira.
La retórica sube de tono, al tiempo que se multiplican las referencias históricas a intervenciones extranjeras en el Caribe y a la Doctrina Monroe, evocadas por analistas que ven en el operativo un capítulo más de la disputa por la influencia en la región.
La tensión se alimenta también de las imágenes: columnas de marines en ejercicios anfibios, helicópteros sobrevolando buques, mapas que muestran los puntos donde se concentran destructores, cruceros y submarinos. Con cada fotografía, crece la percepción de que el Caribe se ha convertido en un tablero militarizado, donde cualquier error de cálculo podría tener consecuencias para el comercio, el turismo y la estabilidad política de varios países.
En medio de la disputa de narrativas —“operación contra el narcotráfico”, según Washington; “amenaza imperial”, para Caracas—, la región observa y toma posiciones. Para algunos gobiernos, el despliegue es una oportunidad de estrechar lazos con Estados Unidos y acceder a más cooperación en seguridad. Para otros, es un recordatorio de los riesgos de depender de fuerzas externas para resolver problemas internos. Lo cierto es que, por ahora, los barcos siguen allí, y el Caribe se ha convertido de nuevo en escenario central de la geopolítica hemisférica.
El despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, respaldado por varios países de América Latina y cuestionado por el gobierno de Nicolás Maduro, combina buques de guerra, submarinos y alianzas diplomáticas en una operación que reconfigura el equilibrio regional. En los próximos días, el desarrollo de las maniobras, las reacciones de Caracas y los movimientos de aliados como Trinidad y Tobago, Guyana, Panamá, República Dominicana, Argentina, Ecuador y Paraguay definirán si este capítulo se recuerda como una ofensiva exitosa contra el narcotráfico o como una nueva fuente de tensión en la historia del Caribe.

