Cauca: secuestro de hijo de cantante revive debate de seguridad

Miguel Ayala, hijo de Giovanny Ayala, regresaba de presentaciones en municipios del Cauca cuando fue retenido junto a su tour mánager

Horas antes del secuestro, todo parecía parte de una rutina ya conocida para Miguel Ayala. El joven cantante, hijo de Giovanny Ayala, había cumplido una agenda de conciertos en el Cauca, con una última presentación en Huisitó, corregimiento de El Tambo, y se preparaba para regresar a Bogotá. Como en otras ocasiones, un vehículo de plataforma lo recogería para llevarlo, junto a su tour mánager Nicolás Pantoja, hasta el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, en el Valle del Cauca.

El trayecto entre Popayán y Cali por la vía Panamericana suele ser un recorrido obligado para artistas, comerciantes y viajeros. Esa noche, sin embargo, la ruta se convirtió en escenario de un hecho que hoy ocupa titulares. Según el reporte de las autoridades, cuando el carro atravesaba la vereda El Túnel, en Cajibío, fue rodeado por otros dos vehículos y por hombres armados que lo obligaron a detener la marcha. En cuestión de minutos, la gira de conciertos terminó convertida en un caso de secuestro.

El conductor, que había sido contratado para prestar el servicio, quedó en el lugar. De acuerdo con el relato que entregó, los sujetos armados se llevaron a Miguel y a su mánager en dirección al norte del departamento y desaparecieron en la oscuridad de la carretera. Todavía con el impacto de lo que acababa de ocurrir, el chofer se dirigió a un punto de Policía y contó que “se lo habían llevado”, frase que luego sería clave para reconstruir la secuencia de lo sucedido.

A partir de ese testimonio, se activaron los protocolos de reacción. La Policía reportó el caso, desplegó unidades de investigación y alertó a otras autoridades del Cauca para tratar de cerrar el cerco sobre los posibles responsables. La zona, según informes oficiales, es de presencia histórica de grupos armados ilegales, entre ellos las disidencias de las Farc, que han aprovechado su ubicación estratégica y la topografía para mover personal y controlar corredores rurales.

Mientras los investigadores seguían las primeras pistas, familiares y amigos de Miguel Ayala comenzaron a enterarse de la noticia. El contraste era evidente: unas horas antes, el artista era tema de conversación por su trabajo musical y sus presentaciones; al final del día, su nombre circulaba en redes acompañado de palabras como secuestro, angustia e incertidumbre. En cuestión de horas, la narrativa pasó del escenario y la tarima a los comunicados oficiales y las cadenas de oración.

Ese cambio abrupto también se sintió en el Cauca, donde transportadores y habitantes del sector han vivido de cerca bloqueos, protestas y otros episodios de violencia en la vía Panamericana. La idea de que alguien pueda ser interceptado de manera repentina alimenta el temor de quienes deben desplazarse por el corredor, especialmente en horas de la noche, y refuerza la percepción de que no todas las zonas están bajo control efectivo del Estado.

A pesar de la incertidumbre, las autoridades insisten en que se mantienen en contacto con la familia y con el entorno del artista, y que la prioridad es preservar la vida de los secuestrados. La investigación, señalan, avanza en varios frentes: recolección de testimonios, análisis de cámaras de seguridad en la ruta y seguimiento a posibles grupos responsables en el norte del Cauca, en coordinación con organismos de inteligencia.

La noche en que Miguel Ayala fue secuestrado en la vía Panamericana recuerda la vulnerabilidad de quienes se mueven por los corredores del Cauca, una región clave para la conexión entre Popayán, Cali y el resto del país. En medio de la búsqueda del hijo de Giovanny Ayala y de su mánager, el caso se convierte en símbolo de los riesgos que persisten para artistas, transportadores y viajeros, y refuerza la urgencia de fortalecer la seguridad en esta carretera y de evitar nuevos secuestros en el suroccidente colombiano.

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