Colombia reconoce a Palestina pero no abre embajada

El anuncio del gobierno se divide entre simbolismo y operatividad

La apertura de una embajada de Colombia en Palestina fue anunciada como parte de una visión de política exterior más activa; sin embargo, la puesta en marcha ha enfrentado demoras considerables.

Desde la designación del embajador, no se ha dado la entrega de credenciales en Ramala (o lugar elegido) ni se ha hecho público un plan de acción para la misión, generando vacíos de información.

La regulación de ingreso al territorio palestino —y la necesidad del permiso israelí— aparece como un obstáculo técnico-diplomático que condiciona el funcionamiento efectivo de la embajada.

Asimismo, expertos en política exterior señalan que sin sede física y personal asignado, la misión se convierte más en un símbolo que una herramienta diplomática funcional.

Desde Bogotá, la Cancillería ha señalado que evalúa alternativas logísticas, incluso establecer la sede en un país vecino mientras el ingreso a Palestina es viable, lo que muestra que el proyecto tiene variaciones en ejecución.

Esta demora afecta no solo la imagen internacional de Colombia, sino también su capacidad de interlocución con Palestina y otros actores de la región, en un momento de alta tensión internacional. Para materializar ese anuncio, Colombia debe pasar del “reconocer” al “instalar”: sede, acreditación, personal y agenda diplomática clara.

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