Cómo llegará el gas del Caribe a Bogotá y Medellín

Especialistas advierten que los cargos de transporte y distribución definirán si el gas offshore resulta competitivo frente a otras fuentes y si realmente se reflejará en la factura de los usuarios

El diseño de la cadena de transporte es quizá uno de los factores menos visibles y, al mismo tiempo, más determinantes del éxito del gas offshore. En el caso de Sirius-2, Ecopetrol y Petrobras han hablado de un esquema “subsea to shore” que llevará el gas desde el fondo marino hasta una planta de tratamiento en tierra, antes de inyectarlo en los gasoductos existentes o en nuevas conexiones.

Definir dónde aterriza ese gas en la costa Caribe es una decisión estratégica. Las alternativas más mencionadas se ubican entre Magdalena y Atlántico, desde donde el recurso podría conectarse con los sistemas troncales que alimentan el interior del país y las plantas térmicas que respaldan el sistema eléctrico.

Cada opción implica diferentes distancias, costos de construcción y niveles de impacto sobre comunidades y ecosistemas costeros.

Una vez en tierra, el reto se traslada a la red nacional. Colombia cuenta hoy con una infraestructura de gasoductos que se desarrolló principalmente a partir del campo Chuchupa-Ballenas y otros proyectos en el norte del país, pero que fue diseñada bajo supuestos de producción y consumo diferentes a los actuales.

Para absorber el volumen de Sirius-2 se requerirían ampliaciones, nuevos ramales y, en algunos casos, refuerzos de estaciones de compresión.

Ese conjunto de inversiones deberá reflejarse en los cargos regulados de transporte y distribución que pagan los usuarios en sus facturas de gas. Gremios y analistas han advertido que, si la regulación no se ajusta oportunamente, los usuarios más alejados de la costa podrían terminar asumiendo costos más altos, lo que restaría atractivo al gas frente a otras alternativas energéticas.

Las decisiones que tome el regulador también pueden incentivar o frenar el uso del gas en sectores clave. Un esquema de tarifas competitivas podría acelerar la sustitución de combustibles más contaminantes en industrias, transporte y generación eléctrica, apoyando la meta de reducir emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la calidad del aire en ciudades como Bogotá y Medellín.

Al mismo tiempo, la cadena de transporte abre oportunidades locales. Empresas de servicios de ingeniería, construcción, operación de gasoductos y mantenimiento especializado pueden encontrar en el desarrollo de Sirius-2 y de otros campos offshore una fuente relevante de contratos y empleo, especialmente en puertos del Caribe y en ciudades que funcionan como centros logísticos, como Barranquilla y Cartagena.

En última instancia, el éxito del gas offshore no se medirá solo en terapies cúbicos descubiertos, sino en la capacidad del sistema para llevar ese recurso de manera segura, eficiente y a precios razonables hasta las viviendas de estratos bajos, los comercios de barrio y las pequeñas industrias. De la coordinación entre Gobierno, regulador, empresas transportadoras y productores dependerá que el gas de Sirius-2 se traduzca en un alivio real para millones de usuarios.

Diseñar bien la ruta del gas desde Sirius-2 hasta la red de gasoductos es una tarea clave para que el Caribe colombiano se consolide como centro de abastecimiento y para que los hogares de todo el país sientan el beneficio en su factura. Una infraestructura eficiente, tarifas justas y reglas claras para la inversión pueden transformar el gas offshore en un aliado de la competitividad regional y de la transición energética, evitando que Colombia quede expuesta a importaciones costosas o a crisis de suministro.

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