El miedo que dejó la ambulancia del robo

Viajeros cuentan pánico tras ver el video viral

Antes del robo, la vía Bogotá–Mondoñedo era para muchos transportadores una carretera exigente, pero habitual. Hoy, para varios camioneros y conductores que han visto el video del atraco, el paisaje ya no es el mismo. La imagen de una ambulancia atravesada en la calzada, usada para encubrir a una banda de ladrones, quedó grabada en la memoria de quienes se enteraron del caso, y en especial de los que ese día circulaban cerca del sector y sintieron que pudieron ser ellos las víctimas del asalto.

Entre los personajes de esta historia también está Sergio Andrés Vargas Vivas, el antiguo dueño de la ambulancia, quien ha tenido que salir públicamente a explicar que ya no tenía el control del vehículo cuando ocurrió el robo. En entrevistas con El Tiempo, Vargas ha relatado que vendió la ambulancia en 2023, que el comprador le quedó debiendo dinero y que desde hace meses no sabe nada de él. Pese a ello, su nombre sigue apareciendo en los documentos de tránsito, lo que lo obliga a enfrentarse a un escrutinio público y jurídico que asegura no haber buscado.

En paralelo, investigadores de la Policía han recogido testimonios de ciclistas y automovilistas que circulaban por la zona. Algunos describen la escena como “de película”: un motociclista tendido sobre el asfalto, paramédicos que parecen apresurados y una fila de vehículos obligados a detenerse mientras los supuestos rescatistas se mueven entre ellos. Solo cuando la camioneta y los hombres armados empiezan a controlar la vía, muchos entienden que se trata de un asalto y no de una emergencia real, pero ya es demasiado tarde para reaccionar.

El conductor del tractocamión, cuya identidad no ha sido divulgada por seguridad, ha sido descrito por las fuentes como un trabajador que cumplía una ruta normal de transporte de mercancía tecnológica cuando fue sorprendido por el montaje. La carga, valorada en más de 2.000 millones de pesos, representaba no solo un riesgo económico para la empresa que la despachó, sino también la amenaza de un eventual señalamiento al conductor si el vehículo no hubiera sido recuperado. En este caso, la rápida reacción de la Policía permitió encontrar el camión y su contenido, pero la experiencia del asalto deja huellas difíciles de borrar.

En los municipios vecinos, como Mosquera y Cota, el caso también se ha sentido de manera cercana. Habitantes y autoridades locales han manifestado preocupación por la posibilidad de que una ambulancia matriculada en su territorio y que habría operado como “pirata” haya sido utilizada para cometer delitos en la región. Para muchas personas, la idea de que un vehículo asociado a la salud y a la atención de emergencias pueda ser parte de un plan criminal genera una sensación de traición y desconfianza difícil de revertir.

Entre los camioneros que cruzan a diario por la vía Bogotá–Mondoñedo se ha instalado un miedo silencioso. Algunos reconocen que ahora dudan cuando ven una ambulancia detenida en el camino y que miran dos veces antes de ceder el paso, por temor a que se trate de un montaje. Organizaciones de transportadores han empezado a circular recomendaciones internas para que los conductores reporten de inmediato cualquier situación extraña con vehículos de emergencia en la ruta y verifiquen con la línea 123 o con los puestos de control de la Policía.

Para el propio Vargas, el caso es una llamada de atención sobre la importancia de cerrar correctamente los procesos de venta de un vehículo, en especial uno tan delicado como una ambulancia. En sus declaraciones insiste en que su vida cambió desde que vio las imágenes de “su” ambulancia en el video del robo y que hoy teme ser recordado únicamente por esa placa, pese a que asegura haberla entregado hace dos años. Su historia personal se entrelaza así con la de las víctimas del atraco y con la preocupación de una región entera que mira con otros ojos las sirenas que se encienden en la carretera.

Detrás del robo con ambulancia pirata en la vía Bogotá–Mondoñedo no solo hay cifras, placas y expedientes; también hay historias de miedo, desconfianza y reputaciones en juego. El caso ha puesto a hablar a transportadores, expropietarios de vehículos de emergencia y habitantes de Cundinamarca sobre la necesidad de recuperar la confianza en las ambulancias, fortalecer los controles y garantizar que ningún conductor tenga que preguntarse, en plena vía, si la sirena que escucha es una señal de auxilio real o el inicio de un nuevo atraco en los alrededores de Bogotá

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