Esta es la historia del gato viral por sus gestos

El felino perdió la movilidad de sus patas traseras, pero mantiene rutinas activas gracias al apoyo de su familia

La parálisis de las patas traseras no ha sido un obstáculo para que Rexie explore, juegue y exprese curiosidad por todo lo que lo rodea. Este gato, hoy de 11 años, fue diagnosticado con una lesión irreversible en la columna después de ser rescatado de un entorno de maltrato. A diferencia de lo que ocurre en muchos casos, donde animales con discapacidades severas terminan siendo sacrificados o abandonados, la familia de Rexie optó por brindarle una oportunidad y demostrar que la vida de una mascota no se define únicamente por su movilidad.

Adaptar el hogar fue el primer paso. Sus cuidadores instalaron superficies antideslizantes, organizaron rampas y retiraron obstáculos que pudieran causarle nuevos accidentes. Al mismo tiempo, médicos veterinarios diseñaron un plan para fortalecer sus patas delanteras y evitar complicaciones adicionales en la columna. Hoy, gracias a esos ajustes, Rexie se desplaza con relativa facilidad dentro de casa y participa de juegos y actividades que le permiten mantenerse mentalmente estimulado.

En las publicaciones de @rexiecat se observa al felino interactuar con juguetes, acurrucarse en la cama y observar por la ventana, comportamientos comunes en gatos sin discapacidad. La diferencia está en la forma en que distribuye su peso y en el esfuerzo extra que hacen sus patas delanteras. Sus cuidadores han explicado que se realizan controles periódicos para monitorear su salud, ya que los animales con movilidad reducida pueden ser más propensos a lesiones secundarias o problemas de piel si permanecen muchas horas en la misma posición.

El caso de Rexie es utilizado por especialistas para derribar mitos sobre los animales con discapacidad. Lejos de ser “incapaces” de llevar una vida plena, estos requieren ajustes específicos y una vigilancia constante, pero pueden experimentar bienestar si se cumplen sus necesidades básicas de alimentación, higiene, ejercicio y afecto. En Colombia, algunos refugios y clínicas veterinarias han comenzado a promover programas de adopción dirigidos a perros y gatos con condiciones similares, resaltando que no son “mascotas de segunda”, sino compañeros que necesitan un compromiso especial.

La visibilidad internacional de Rexie también ha impulsado la difusión de dispositivos de apoyo, como sillas de ruedas para mascotas o arneses que facilitan su traslado. Aunque estos elementos aún son costosos para muchas familias, en ciudades colombianas se desarrollan iniciativas artesanales para fabricar ayudas a bajo costo. Organizaciones y voluntarios comparten tutoriales, planos y recomendaciones para que más cuidadores puedan adaptar soluciones según las características de sus animales.

Otro aspecto clave del bienestar de Rexie es la estimulación emocional. Sus cuidadores integran juegos, caricias y momentos de descanso en su rutina diaria, conscientes de que la salud mental también es determinante en la calidad de vida de las mascotas. La interacción constante contribuye a reducir el estrés y refuerza el vínculo entre el felino y la familia, un factor que los expertos consideran esencial en hogares donde hay animales con enfermedades crónicas o discapacidades permanentes.

Para quienes siguen la historia de Rexie desde América Latina, su caso se ha convertido en una guía práctica y emocional. Muchos cuidadores aseguran que, después de ver sus videos, perdieron el miedo a adoptar o mantener animales con condiciones complejas, incluidos aquellos que han sufrido accidentes de tránsito o enfermedades congénitas. En ese sentido, el ejemplo de este gato demuestra que la inclusión también aplica al mundo de las mascotas y que, con el apoyo adecuado, la discapacidad no es el final del camino.

La experiencia de Rexie confirma que los animales con discapacidad pueden disfrutar de bienestar cuando se combinan acompañamiento veterinario, adaptaciones en el hogar y afecto constante. Su historia, seguida desde Colombia y otros países, invita a replantear los prejuicios que aún existen frente a las mascotas con necesidades especiales. Al conocer su rutina, más familias se animan a ofrecer hogares responsables a perros y gatos que requieren cuidados adicionales, fortaleciendo así una cultura de respeto, inclusión y protección animal.

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