Exatleta perseguido por FBI, testigo muerto en Colombia

Ryan James Wedding, expatinador olímpico, es señalado de liderar la red que habría ordenado el asesinato del testigo en Medellín

Hace poco más de dos décadas, el nombre de Ryan James Wedding aparecía en las listas de deportistas que representaban a su país en los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City 2002. Hoy, el mismo nombre encabeza la lista de los diez fugitivos más buscados del FBI y está asociado al asesinato de un testigo federal ocurrido en Medellín. El salto del hielo olímpico al mundo del narcotráfico resume una historia en la que el deporte, los negocios ilícitos y la violencia se cruzan en un centro comercial del oriente de la capital antioqueña.

Según las autoridades, Wedding habría asumido la dirección de una red transnacional dedicada al tráfico de cocaína y al lavado de activos después de retirarse del patinaje sobre hielo. Aprovechando contactos y recursos, el exatleta habría articulado una estructura capaz de mover droga desde Colombia hacia Norteamérica y de multiplicar las ganancias a través de empresas fachada y circuitos financieros oscuros. Para desmantelar parte de ese entramado, el FBI se apoyó en testimonios como el de Jonathan Christopher Acevedo García.

Acevedo, ciudadano colombo–canadiense, colaboraba como testigo federal desde 2023 y aportó información clave que permitió capturas simultáneas en Colombia, México, Estados Unidos y Canadá. Su testimonio encajaba piezas que conectaban a mandos medios y altos con operaciones concretas de tráfico y lavado. Por eso, su asesinato el 31 de enero de 2025, en el restaurante Mi Arepa del Mall del Indio, fue interpretado como un ataque directo a la columna vertebral del proceso judicial contra la organización que habría liderado Wedding.

Las imágenes de las cámaras de seguridad muestran que el crimen fue ejecutado con precisión milimétrica: un primer hombre seguía al testigo en moto, un segundo se encargó de disparar desde la ventana del local y un tercero registró la escena después del ataque. La fría secuencia contrasta con la vida cotidiana del lugar, donde familias y trabajadores suelen almorzar sin imaginar que en una de las mesas podría sentarse un testigo clave en un caso internacional.

Tras el homicidio, el FBI reforzó su búsqueda contra Wedding y actualizó la recompensa por información que lleve a su captura: hoy ofrece 15 millones de dólares, una de las cifras más altas en su lista de fugitivos. Paralelamente, junto a Canadá, se anunció una recompensa de seis millones de dólares por cada uno de los tres presuntos sicarios, cuyos rostros y características físicas circulan en carteles, redes sociales y portales oficiales.

El caso ha sido presentado por las autoridades estadounidenses como ejemplo de cómo las organizaciones criminales pueden reciclar figuras públicas, incluso deportistas, para construir redes con apariencia de éxito empresarial. La historia de Wedding, que pasó de los escenarios deportivos a la clandestinidad, se ha convertido en advertencia sobre la capacidad del crimen organizado para camuflarse y reinventarse, usando ciudades como Medellín para ajustar cuentas y enviar mensajes de poder.

Mientras el exatleta continúa prófugo, las autoridades de Medellín mantienen contacto directo con agencias internacionales para compartir pistas sobre los responsables materiales del sicariato. El oriente de la ciudad, el sector de San Diego y barrios como Loreto se han convertido en puntos de referencia en los mapas de investigadores que intentan reconstruir cada movimiento previo y posterior al ataque. El desenlace de esta historia, que comenzó en unos Juegos Olímpicos y hoy se libra entre expedientes judiciales y operaciones encubiertas, sigue abierto.

El crimen del testigo federal colombo–canadiense en Medellín y la persecución contra el exatleta olímpico Ryan James Wedding resumen la forma en que el deporte, el narcotráfico y el sicariato se cruzan en la agenda de seguridad internacional. La millonaria recompensa del FBI, el rol de Medellín en la red de tráfico de cocaína y la ejecución del homicidio en el Mall del Indio convierten este caso en una referencia obligada para entender cómo evolucionan las organizaciones criminales que hoy son prioridad para las autoridades de Colombia, Estados Unidos y Canadá.

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