Migrantes y turistas: adaptándose a normas sanitarias
María Fernández, venezolana de 34 años, recuerda con claridad el momento en que descubrió que su solicitud de visa para Colombia requería un seguro médico obligatorio. “Había juntado durante meses el dinero para los trámites, pero nadie me había dicho nada sobre el seguro”, cuenta desde un pequeño apartamento en Bogotá que comparte con su hermana. La póliza le costó casi el equivalente a tres semanas de su salario como asistente administrativa, pero era el único camino para regularizar su situación.
Historias como la de María se repiten entre miles de extranjeros que buscan establecerse legalmente en Colombia o simplemente visitarlo por periodos extendidos. Para algunos, la exigencia representa una protección necesaria ante la incertidumbre de enfermar en un país extranjero. Para otros, constituye una barrera económica adicional en procesos migratorios ya de por sí complejos y costosos.
Las voces de quienes viven esta realidad revelan dimensiones humanas que las estadísticas y normativas no capturan completamente. Detrás de cada póliza adquirida hay decisiones familiares difíciles, prioridades reorganizadas y, en muchos casos, la esperanza de construir un futuro más estable lejos del lugar de origen.
Carlos Méndez, jubilado español que eligió a Colombia para pasar sus últimos años, tiene una perspectiva diferente. “El seguro me ha dado tranquilidad”, explica desde su apartamento en Cartagena. “A mi edad, cualquier cosa puede pasar. Saber que tengo cobertura me permite disfrutar sin preocupaciones”. Carlos paga mensualmente por su póliza, un gasto que considera razonable comparado con los costos de salud en Europa, aunque admite que no todos los extranjeros tienen su capacidad económica.
Para familias migrantes con recursos limitados, la ecuación es más complicada. Andrea Rodríguez, madre soltera hondureña con dos hijos menores, debió elegir entre pagar el seguro familiar completo o arriesgar la renovación de su visa. “Mis niños necesitan educación y estabilidad. El seguro era obligatorio, así que recorté en todo lo demás”, relata. Durante tres meses, su familia vivió con un presupuesto extremadamente ajustado hasta normalizar la situación.
Los profesionales de la salud también observan el impacto desde sus consultorios. La doctora Patricia Gómez, quien trabaja en una clínica privada de Cali, nota cambios en la atención de pacientes extranjeros. “Antes veíamos casos de personas que esperaban hasta que la situación era crítica para buscar ayuda, porque no tenían cómo pagar. Ahora, con los seguros, llegan más temprano, lo cual médicamente es mejor”, explica.
Sin embargo, la médica también señala brechas en el sistema. “No todos los seguros cubren lo mismo. Algunos extranjeros descubren en el momento de necesitar atención que su póliza tiene exclusiones importantes. Eso genera frustración y, a veces, problemas para costear tratamientos”, advierte.
Juan Pablo Torres, abogado especializado en temas migratorios, escucha diariamente las inquietudes de sus clientes extranjeros. “Muchos llegan confundidos. No entienden por qué Colombia, siendo un país de migrantes, les pone esta barrera. Les explico que no es una barrera sino una protección, pero reconozco que para quien gana el salario mínimo venezolano o ecuatoriano, pagar 200 dólares de seguro es prohibitivo”, reflexiona.
Las compañías aseguradoras han desarrollado productos específicos para este mercado. Alejandra Montoya, ejecutiva de una aseguradora nacional, explica que han creado planes básicos más asequibles. “Entendemos que hay diferentes capacidades de pago. Nuestro objetivo es ofrecer protección real sin que el costo sea una barrera infranqueable”, dice. Los planes básicos empiezan en aproximadamente 50 dólares mensuales, cubriendo urgencias, hospitalización básica y repatriación.
Rosa Martínez, colombiana casada con un ciudadano argentino, vivió el proceso desde otra perspectiva. “Cuando mi esposo vino a vivir aquí, el seguro nos pareció lógico. En Argentina nos habrían pedido lo mismo. El tema es que el trámite fue confuso, cada funcionario nos decía algo diferente sobre qué tipo de póliza servía”, recuerda. Finalmente, después de dos intentos y pólizas rechazadas, lograron una que cumplía todos los requisitos.
Las historias personales detrás de la exigencia de seguros médicos para extranjeros en Colombia revelan una realidad compleja y matizada. No hay una sola narrativa: conviven la tranquilidad de quienes encuentran protección, la angustia de quienes luchan por costear la póliza, y la confusión de quienes navegan un sistema en evolución.
Lo que une estas experiencias es la búsqueda de un futuro mejor o simplemente diferente en territorio colombiano. El seguro médico obligatorio se ha convertido en un capítulo más de las historias migratorias personales, un requisito que se suma a documentos, trámites y decisiones difíciles. Para algunos es una protección bienvenida; para otros, un obstáculo más en caminos ya de por sí complicados. La medida continuará evolucionando, idealmente considerando estas realidades humanas junto con las necesidades técnicas y fiscales del sistema.

