El colectivo sin ánimo de lucro atiende animales vulnerables en Bogotá y Soacha y hoy centra parte de sus esfuerzos en Carla
Al hablar de Carla, la perrita sin pelo que ha capturado la atención en redes, es imposible separar su historia del trabajo que realiza Adopta con Responsabilidad. Esta organización opera como un colectivo sin ánimo de lucro dedicado a rescatar, rehabilitar y acompañar animales vulnerables en Bogotá y Soacha.
Sus redes sociales funcionan como vitrina, pero también como herramienta de pedagogía y denuncia frente a las realidades que enfrentan perros y gatos en las calles.
La llegada de Carla al refugio siguió la misma ruta que otros casos: rescate, valoración inicial y un proceso de observación para identificar necesidades médicas y conductuales. En su caso, la ausencia de pelo y el tipo de piel orientaron rápidamente la sospecha hacia la raza viringo peruano, una variedad de perro sin pelo reconocida en la región.
Desde ese momento, el equipo se empeñó en explicar públicamente por qué su aspecto no estaba ligado a enfermedad ni abandono deliberado.
Uno de los sellos de la fundación es el énfasis en los protocolos previos a la adopción. Carla fue sometida a exámenes como cuadro hemático y análisis coprológico, pruebas que permiten determinar si hay infecciones, parásitos o alteraciones en sus órganos internos.
Según explica la organización, ninguna mascota es ofrecida en adopción sin pasar por estas revisiones, lo que reduce riesgos tanto para el animal como para las familias que los reciben.
En paralelo, el equipo de voluntarios se encarga de trabajar en la socialización de cada perro. En el caso de Carla, su carácter abierto facilitó el proceso: tolera bien el contacto con personas, se relaciona con otros animales y se adapta con rapidez a los espacios del refugio.
Estos factores son determinantes a la hora de definir qué tipo de hogar sería el más adecuado, por ejemplo, si se recomienda que conviva con otros perros o con niños.
La organización también entiende que su labor no termina cuando un animal abandona el refugio. Por eso, mantiene contacto con adoptantes, ofrece acompañamiento posterior y, en muchos casos, brinda asesoría sobre rutinas de cuidado, alimentación y salud. En perros sin pelo como Carla, estas recomendaciones incluyen el uso de bloqueador, hidratación y productos específicos para la piel, especialmente en climas como el de Bogotá.
La sostenibilidad de este modelo depende de donaciones y campañas periódicas. Iniciativas como “Velitas Pro Patitas” han sido una de las herramientas para financiar exámenes, medicamentos y alimentos.
La visibilidad que ha alcanzado Carla en redes sirve como un recordatorio de que, aunque un caso pueda volverse viral, el trabajo de fondo sigue siendo silencioso, cotidiano y muchas veces invisible.
De cara al futuro, Adopta con Responsabilidad confía en encontrar para Carla una familia que comprenda su origen, su piel y sus requerimientos médicos.
Mientras tanto, la organización continúa su labor con otros animales que, como ella, llegaron desde contextos de vulnerabilidad y hoy encuentran en la fundación una segunda oportunidad.
La experiencia de Carla permite apreciar la labor integral que realizan fundaciones animalistas como Adopta con Responsabilidad en Bogotá y Soacha. Desde el rescate en calle hasta los exámenes médicos, la socialización y el seguimiento posterior a la adopción, el caso muestra por qué es importante acudir a organizaciones serias cuando se busca adoptar un perro en Colombia. En un contexto de sobrepoblación animal, historias como la de Carla se convierten en ejemplo de cómo una atención responsable y transparente puede transformar la vida de las mascotas rescatadas y de las familias que las reciben.

