La guerra que devora a niños colombianos

Cómo TikTok se convirtió en herramienta criminal

En una vereda del Cauca, un niño de 14 años desliza su dedo por la pantalla de su celular. Los videos de TikTok se suceden uno tras otro: música popular, imágenes de motos último modelo, fajos de billetes, armas de largo alcance. Los comentarios prometen una vida mejor, dinero para ayudar a la familia, respeto en la comunidad. El niño no sabe que está siendo observado, estudiado, captado. En cuestión de semanas, ese niño dejará de ir a la escuela. Sus padres lo buscarán desesperadamente. Será uno más de los 453 casos de reclutamiento documentados en 2024.

La historia se repite en el Chocó, en Nariño, en Arauca. Las redes sociales se han convertido en el nuevo campo de batalla por las mentes de los niños colombianos. Los grupos armados ya no necesitan llegar físicamente a las comunidades para reclutar. Ahora lo hacen desde la comodidad de un campamento, creando perfiles atractivos, publicando contenido seductor, estableciendo contacto directo con menores vulnerables a través de mensajes privados.

Scott Campbell, representante en Colombia del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, advierte: “Estamos muy preocupados por la creciente tendencia del reclutamiento de niñas, niños y adolescentes que parece continuar y agravarse aún más en 2025, en un contexto preelectoral”. Su preocupación se centra especialmente en el fenómeno del reclutamiento a través de plataformas digitales.

La Policía Nacional documentó la existencia de al menos 63 cuentas en redes sociales utilizadas para reclutar menores. Algunas tienen hasta 231 mil seguidores y 2.6 millones de interacciones. En estas cuentas, los grupos armados publican imágenes y videos que hacen atractivas las actividades bélicas y el cultivo de coca. Muestran funerales pomposos, camionetas de lujo, productos de última generación. Todo diseñado para atraer a adolescentes que viven en condiciones de pobreza y que no vislumbran un futuro mejor.

La fiscal Johana Ibeth Quintero Pava explica las estrategias que emplean: “Una de las modalidades destacadas es el uso de redes sociales como TikTok. Sin embargo, los grupos armados también emplean otras estrategias. Una de ellas involucra a menores ya reclutados como intermediarios para atraer a otros jóvenes con el sistema del enamoramiento”. Esta táctica es particularmente efectiva porque los niños confían más en otros niños que en adultos desconocidos.

El proceso de captación sigue un patrón calculado. Primero, los reclutadores identifican perfiles de menores vulnerables: desertores escolares, de entornos disfuncionales, de asentamientos ilegales, indígenas o en zonas de alta pobreza. Luego establecen contacto, ofreciendo dinero, regalos, promesas de una vida mejor. Algunos menores son contactados hasta por mensajería directa, donde les persuaden de las ventajas de unirse al grupo y les informan sobre los detalles logísticos de su entrada a la organización.

Una vez captados, comienza el preingreso. Los menores son utilizados para labores de mandaderos, cosechadores de coca, informantes ocasionales o transportadores de droga en su cuerpo. Es una fase de prueba donde los grupos armados evalúan su lealtad y utilidad. Si pasan esta etapa, viene el entrenamiento formal: capacitaciones para ser sicarios, provisión de armas, instrucción en tácticas de combate. Algunos testimonios revelan que incluso hay instructores extranjeros que dan clases militares a estos niños.

La historia de Carolina, nombre protegido, ilustra esta realidad. Fue contactada a través de Facebook por un joven que parecía amable y comprensivo. Hablaron durante semanas sobre sus problemas familiares, sus sueños, sus frustraciones. Cuando él le propuso que lo visitara en su vereda, ella aceptó sin imaginar que ese viaje cambiaría su vida para siempre. Al llegar, descubrió que él era miembro de un grupo armado. Ya era demasiado tarde para escapar.

Los grupos armados también utilizan la instrumentalización de mujeres para establecer contactos con menores, enamorarlos, ganar su confianza y facilitar su captación. En algunos casos, incluso pagan tratamientos estéticos a niñas y jóvenes para luego utilizarlas como la cara visible de cuentas en redes sociales que buscan enamorar y reclutar a otros jóvenes. La manipulación es sistemática y cruel.

En las comunidades indígenas del Cauca, la situación es particularmente grave. Anyi Zapata cuenta que TikTok se ha prestado para crear usuarios que contactan a los niños para ofrecer dinero, motocicletas, celulares, cosas que están de moda. Los grupos armados juegan con las necesidades de comunidades marginadas donde los niños no tienen acceso a educación de calidad ni oportunidades laborales legales. El reclutamiento se presenta como una salida, como una oportunidad de progreso, cuando en realidad es una trampa mortal.

La guerra por los niños colombianos se libra ahora en dos frentes: el físico y el digital. Mientras las comunidades rurales siguen sufriendo el reclutamiento forzado tradicional, las redes sociales han abierto una nueva vía de captación masiva que es más difícil de controlar y prevenir. Los grupos armados han entendido que para las nuevas generaciones, la realidad virtual es tan importante como la física, y están explotando esta vulnerabilidad con una sofisticación alarmante.

La respuesta debe ser igualmente innovadora. No basta con patrullar territorios físicos; es necesario monitorear y controlar el espacio digital. Las plataformas de redes sociales tienen una responsabilidad ineludible en esta crisis. Meta y TikTok están siendo contactados por la ONU para que tomen medidas urgentes, pero hasta ahora la respuesta ha sido insuficiente. Mientras tanto, cada día que pasa, más niños colombianos son contactados, manipulados, captados. La pregunta ya no es si se puede detener este fenómeno, sino cuántos niños más serán reclutados antes de que se implementen soluciones efectivas.

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