De un comienzo difícil a héroe del partido
El partido no empezó fácil para Díaz. Desde el pitazo inicial, St. Pauli dejó claro que no iba a ser un invitado pasivo en el Allianz Arena. Un gol al minuto 6 silenció al estadio y obligó al Bayern a jugar contra el reloj, mientras la tribuna observaba con cierta preocupación las dificultades del equipo para generar peligro. En ese escenario, el colombiano recibió golpes, marcas dobles y pocos espacios para maniobrar.
Aun así, el guajiro siguió pidiendo la pelota. Alternó entre la banda y los pasillos interiores, bajó a asociarse con Kimmich y Musiala, buscó paredes con Guerreiro y forzó faltas que le dieron respiro al equipo. Desde la tribuna, los hinchas comenzaron a responder con aplausos a cada intento de desequilibrio, una señal de reconocimiento a quien ya se ha ganado un lugar en la lista de preferidos del Allianz.
La acción del empate fue una síntesis de resistencia. Díaz recibe el pase de Kim Min-Jae, siente el contacto del defensor, pierde la estabilidad y se va al suelo. Lo normal habría sido que la jugada terminara allí, pero, en un gesto instintivo, el colombiano estira la pierna y lanza un taco hacia atrás. El balón llega limpio a Guerreiro, que define. El estadio pasa del murmullo a la explosión en cuestión de segundos.
Mientras las cámaras repetían el gesto técnico en las pantallas, llegaron las reacciones desde distintas partes del mundo. Cuentas de programas deportivos, periodistas y aficionados compartieron la jugada y los calificativos se repitieron: “locura”, “genialidad”, “magia”. En Colombia, miles de hinchas vieron el clip en sus celulares y televisores, reconociendo en esa acción a un jugador que ha aprendido a convertir la incomodidad en oportunidad.
El desenlace del partido también tuvo un componente emocional fuerte. El gol de Díaz al minuto 90+3, lanzándose de palomita para el 2-1, fue el momento exacto en el que la tensión acumulada se transformó en celebración general. Ver al colombiano corriendo hacia la esquina, rodeado por sus compañeros, fue la imagen que selló su noche. La jugada final de Nicolas Jackson para el 3-1 solo confirmó que el partido, que empezó cuesta arriba, terminaría siendo recordado como otra noche de remontada.
Más allá de los números —12 goles y 6 asistencias en 19 partidos—, la historia de Díaz esta temporada también se escribe en detalles: los aplausos cuando es reemplazado, los cánticos en su nombre, los mensajes que llegan desde La Guajira, Barranquilla, Bogotá o Medellín cada vez que convierte. Su papel en el Bayern ya no se reduce a ser un fichaje estelar; se ha transformado en un símbolo de entrega y carácter para la afición.
Para el futbolista, este tipo de partidos representan también una responsabilidad con la Selección Colombia, donde cada actuación en Europa se lee como un anticipo de lo que puede aportar con la camiseta amarilla. La confianza que acumula en Alemania, respaldada por jugadas como la asistencia ante St. Pauli, alimenta la expectativa de los hinchas que sueñan con verlo replicar esa creatividad en los próximos compromisos de la Tricolor.
La espectacular asistencia de Luis Díaz con el Bayern Múnich es, para muchos, una jugada que se verá durante años en los resúmenes de su carrera. Pero también es una evidencia de cómo el colombiano ha logrado conectar con la hinchada alemana y con la afición colombiana desde la emoción, la insistencia y la capacidad de aparecer cuando el partido más lo exige.
En una temporada donde suma 18 contribuciones de gol, Díaz no solo acumula cifras; también colecciona noches como esta, en las que transforma el nerviosismo en ovación y refuerza su imagen como uno de los jugadores latinoamericanos más decisivos del fútbol europeo actual.

