Congresistas repiten argumentos mientras crece el desgaste
La sesión arrancó con la sensación de que ya todo estaba decidido. Congresistas de distintos partidos se turnaron el micrófono para respaldar o criticar la reforma tributaria, pero pocos aportaron elementos nuevos al debate. El clima era de fatiga acumulada: la gente fuera del Congreso percibe que cada reforma tributaria abre el mismo ciclo de promesas, temores y confrontaciones, con un impacto poco claro en su vida cotidiana.
En el Senado, el argumento predominante fue la desconfianza frente al uso que el Gobierno daría a los nuevos recursos. Varios legisladores insistieron en que el dinero terminaría cubriendo principalmente gasto de funcionamiento y nómina, lo que generó rechazo en un sector que ya cuestiona la expansión del tamaño del Estado. “No es momento de más impuestos”, repitieron, conectando con una preocupación que también se escucha en la calle.
La Cámara, por su parte, intentó mostrar que el Gobierno sí había hecho concesiones. Representantes resaltaron que el retiro del IVA a la gasolina, al diésel y al Acpm era una señal dirigida precisamente a aliviar el impacto en los bolsillos de los colombianos. Desde esa óptica, presentar la reforma como una herramienta para evitar un hueco mayor en el presupuesto buscaba empatizar con quienes temen recortes en programas sociales.
Sin embargo, la figura del “archivo digno” terminó reflejando un punto intermedio en el que nadie queda completamente satisfecho. La oposición no puede decir que derrotó de forma categórica la reforma, y el Gobierno tampoco puede celebrar ningún avance. Para el ciudadano, el resultado puede percibirse como otro episodio de parálisis institucional mientras persisten la incertidumbre y las preocupaciones económicas.
El funcionamiento interno de las comisiones mostró también el lado menos visible del Congreso. La Comisión Tercera de la Cámara rechazó el archivo, pero la Comisión Cuarta no consiguió el quórum necesario, lo que permitió que el Senado avanzara en el camino del hundimiento. Son detalles de procedimiento que, aunque parezcan técnicos, terminan definiendo decisiones que afectan la vida del país.
En los pasillos, el ambiente fue de resignación más que de sorpresa. Pocos legisladores creían que la reforma tuviera una nueva oportunidad real en la próxima semana. El desgaste acumulado, la tensión con el Gobierno y la cercanía de otras discusiones sensibles reducen el margen para que el tema vuelva a ganar aire. El mensaje implícito es que el Congreso está agotado frente a esta reforma en particular.
Para muchas personas, más allá de las cifras y los artículos, el episodio refuerza la sensación de distancia entre la política y sus preocupaciones diarias. Mientras en el Capitolio se discute el destino del presupuesto 2026, afuera crecen las preguntas sobre empleo, costo de vida y servicios públicos. En ese contraste se alimenta un clima de desconfianza hacia las reformas, pero también hacia quienes las tramitan.
La caída de la reforma tributaria del gobierno Petro a través de un “archivo digno” se suma a una cadena de debates que dejan la sensación de cansancio en la opinión pública. Aunque el resultado tiene explicaciones técnicas y políticas, para muchos ciudadanos es otro ejemplo de cómo el Congreso discute durante horas sin ofrecer una salida clara frente a los desafíos económicos del país.
Mientras el Gobierno redefine su estrategia para el presupuesto de 2026, el reto será también recuperar la confianza de una ciudadanía que ve con escepticismo cada nueva reforma tributaria. La forma en que se comunique lo ocurrido, y las alternativas que se propongan, será clave para evitar que este episodio se traduzca en un mayor distanciamiento entre la gente y las instituciones.

