Santandereanos en Ucrania: salario, guerra y muerte

El caso de Dariel Giraldo evidencia la combinación de baja remuneración en trabajos de seguridad en Santander y altos riesgos de la guerra en Ucrania, donde no siempre es posible repatriar cuerpos

El caso de Dariel Alonso Giraldo Morales, santandereano de 39 años muerto en la guerra de Ucrania, ha generado conmoción no solo por la imposibilidad de repatriar su cuerpo, sino también por los elementos que rodean su historia laboral y militar. Antes de viajar, el exsoldado trabajaba en Bucaramanga como guarda, supervisor y escolta en empresas de seguridad, con jornadas largas y salarios que, según su familia, no le permitían salir de la escasez económica. Esa realidad lo llevó a aceptar la oferta de un contrato como combatiente en Ucrania, con un ingreso sustancialmente mayor.

En Ucrania, Dariel se integró a una unidad militar que participa en operaciones contra fuerzas rusas. Allí, la promesa de un salario cercano a los 19 millones de pesos al mes convivió con riesgos evidentes: despliegues permanentes en zonas de combate, exposición a ataques con drones y artillería, y la posibilidad de quedar en territorios disputados, como finalmente ocurrió. El relato de sus familiares revela que, aun siendo consciente del peligro, el santandereano veía en ese contrato la oportunidad de darle estabilidad económica a su familia en Santander.

Uno de los puntos que más inquietud genera es la negativa de los mandos a aceptarle la baja cuando, tras meses en el frente, Dariel manifestó su deseo de retirarse. De acuerdo con la versión de su hermana, él pidió formalmente terminar el vínculo al considerar que la situación era demasiada crítica, pero sus superiores se negaron, argumentando que se trataba de un “muy buen soldado” y optando por trasladarlo a una zona considerada menos hostil. El episodio plantea interrogantes sobre la flexibilidad real de estos contratos y la posibilidad de que los combatientes colombianos decidan libremente cuándo salir de la guerra.

La muerte del santandereano se produjo el 16 de noviembre, durante un ataque con drones rusos contra las trincheras donde se encontraba desplegado. Tras la operación, hubo dos fallecidos y un herido, quien relató lo sucedido y confirmó la identidad de Dariel ante los mandos. El hecho se inscribe en un contexto de uso intensivo de drones en el conflicto, una táctica que reduce el margen de reacción de los soldados en tierra y aumenta el riesgo de bajas incluso en posiciones que antes se consideraban relativamente seguras.

La imposibilidad de recuperar el cuerpo es otro elemento clave. El área donde cayó el combatiente quedó bajo dominio de fuerzas rusas, lo que, según explicaron a la familia, vuelve inviable organizar una misión de búsqueda sin exponer a más militares a un riesgo extremo. Esto implica que muchos de los colombianos muertos en frentes como Ucrania podrían no regresar jamás a su país de origen, aun cuando sus familias estén dispuestas a asumir los costos y trámites de repatriación.

Desde una perspectiva más amplia, analistas señalan que la historia de Dariel se suma a la de cientos de ex militares colombianos que, tras terminar su servicio, ingresan al mercado global de la seguridad y del combate contratado. Su experiencia en conflicto interno los hace atractivos para ejércitos extranjeros, pero también los ubica en escenarios de altísima peligrosidad. Departamentos como Santander, con niveles importantes de desempleo y empleos precarios en vigilancia, son caldo de cultivo para que estos contratos se perciban como la única ruta para mejorar el ingreso familiar.

Al mismo tiempo, el caso invita a revisar la información que reciben los potenciales combatientes sobre los riesgos reales, los alcances del apoyo consular y las limitaciones para repatriar cuerpos desde zonas controladas por fuerzas enemigas. Para las familias en Cimitarra y Bucaramanga, la muerte de Dariel deja la sensación de que el sacrificio fue demasiado alto y que las promesas de seguridad económica se desvanecen frente a un duelo que deberán afrontar sin cuerpo y con muchas preguntas sin respuesta.

La historia de Dariel Giraldo, santandereano muerto en Ucrania tras un ataque con drones rusos, expone los riesgos y las condiciones en que exmilitares colombianos aceptan contratos de combate en el exterior. Salarios más altos, negativas de baja, imposibilidad de repatriación y zonas dominadas por fuerzas rusas hacen parte de un panorama complejo que afecta directamente a familias en Santander. Analizar este caso permite entender por qué crecientes grupos de colombianos consideran la guerra de Ucrania como una opción laboral y por qué es clave fortalecer las oportunidades locales antes de que más hogares vivan un duelo sin cuerpo ni retorno.

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